Una carta al futuro padre de mis hijos… (Día del Padre)

Querido futuro padre de mis hijos:

No tengo ni idea de dónde estés en estos momentos, en qué estés pensando, cómo se supone que te deba decir estas palabras siendo tal cual soy en estos momentos… Es decir: estoy escribiendo no desde todo lo que ha sucedido a mi alrededor, sino desde quien soy, desde la artista que soy, desde la cristiana que soy, desde lo que sueño cara a Dios Amor…

Solo quería decirte hoy, día de los padres, que, estés donde estés, recé por ti y por que un día podamos encontrarnos, de la forma en que Dios Amor lo disponga… y pueda finalmente conocerte y entenderte tal cual eres…

Hoy quería contarte… acerca de lo que recé contemplando la Eucaristía en sueños: acerca de como soñamos un hombre para mi vida, acerca de cómo te sueño como futuro padre de mis hijos.

Aquí va lo escrito en la oración:

No sueño simplemente con un esposo, sino con alguien que pueda acompañarme en el camino a la santidad, más allá de talento, inteligencia, fama o cualquier otro atributo de este mundo… que podamos caminar como mejores amigos hacia la santidad, custodiando mutuamente el estado de gracia del uno y del otro.

Sueño con un padre de mis hijos que sea él mismo tal cual Jesús Caridad le llame a ser. Sueño con un hombre libre para ser quien Dios lo creó para ser y dispuesto a convertirse en quien Tú, Jesús Caridad, le llames a ser. Un hombre que no viva encadenado al miedo, a la mentira, al orgullo o a la necesidad de controlar. Un hombre que ame la verdad más que su propia comodidad, que tenga el valor de proteger al vulnerable, incluso cuando hacerlo tenga un costo, y que sea capaz de reconocer sus errores, pedir perdón y volver a empezar. Sueño con un hombre cuya identidad no dependa de mí, sino de Dios. Que no me necesite para existir, pero que elija caminar conmigo. Que tenga sueños propios, una misión propia y una luz propia. Que no se esconda detrás de máscaras ni personajes, sino que tenga la valentía de mostrarse tal como es. Sueño con un hombre que ame la Eucaristía no sólo en la iglesia, sino en la vida cotidiana: en la forma en que habla, trabaja, sirve, escucha, protege y construye comunión. Un hombre que ayude a otros a crecer, a florecer y a descubrir su dignidad.

Sueño con un hombre capaz de mirar a los más pequeños, a los pobres, a los olvidados, y reconocer en ellos un tesoro. Un hombre cuyo corazón se parezca cada vez más al de Jesús Caridad. No sueño con alguien perfecto, sino que sueño con alguien dispuesto a dejarse transformar por el Amor. Sueño con un hombre que resplandezca con luz propia como una Stella Coeli porque es fiel a la luz que Dios puso en él. Un hombre que me ayude a ser más plenamente yo misma, mientras yo le ayudo a ser más plenamente él mismo, para que juntos ayudemos a otros a ser, a hacer, a crecer, a florecer y a resplandecer en Dios. Sueño con alguien que, junto a mí, pueda decir: “No quiero poseerte ni que me poseas; quiero que seas muy de Dios, y siendo juntos de Dios y en Dios, para Dios y con Dios, ayudarte a convertirte en todo lo que Dios soñó para ti”.

Sueño con un hombre con el que pueda vivir una comunión encarnada real: cafés compartidos, sueños compartidos, caminatas compartidas, conversaciones compartidas, libros compartidos, sobre todo una vida interior y oraciones compartidas… Sueño con un hombre que sea de carne y hueso, cercano, palpable, tomándome de la mano, hablándome al oído, dejándome flores, enojándose conmigo cuando haya razones para ello y dejándomelo saber de una forma saludable… Sueño con una relación personal de carne y hueso, no con una relación digital que nunca llega a encarnarse…

Cuando una relación permanece durante años en la distancia, en la imaginación, en los símbolos o en los medios digitales, el corazón puede acabar aferrándose a la idea de una persona, pero lo que yo sueño no es una idea: es precisamente el anhelo de salir del mundo de las ideas y entrar en el mundo de la realidad, con imágenes concretas: una pizza night compartido, sticky notes en el carro, o un girasol dejado en la cerradura del carro, o un muffin con un mensajito, un café compartido, una andanza compartida, una conversación después de un día difícil, una discusión saludable, una mano que se puede tomar, una oración rezada en la misma habitación, una flor dejada sobre una mesa, un libro que ambos leemos y comentamos… Todo esto tiene algo profundamente cristiano, porque el cristianismo es una religión de la encarnación. No creemos en un Dios Amor que se quedó como idea. Creemos en un Dios Amor que se hizo carne, caminó, comió, lloró, tocó y se dejó tocar. Por esto es comprensible que mi corazón no anhele únicamente ser amado en abstracto, sino que anhela una presencia real, un amor eucarístico. La Eucaristía es Presencia Real, si se vive con apertura incondicional a la gracia y a la nueva vida en el Amor.

No sueño con un hombre perfecto. No sueño con una imagen. No sueño con una relación sostenida únicamente por pantallas, símbolos o suposiciones. Sueño con una comunión encarnada. Sueño con un hombre de carne y hueso con quien compartir la vida real: los snacks y las conversaciones, las alegrías y los desacuerdos, las oraciones y los silencios, los sueños y el trabajo cotidiano. Sueño con una presencia que pueda ser vista, escuchada y abrazada. Sueño con un amor que no permanezca sólo en las palabras, sino que tenga manos, voz, mirada, tiempo y verdad.

Sueño con no extrañar a una persona que llevo muchos años anhelando conocer. Sueño con una forma de Amor que pueda encarnarse en la realidad cotidiana. Un live no puede acompañarme en una caminata. Un tweet no puede tomarme de la mano. Un símbolo no puede prepararme un café. Una posibilidad imaginada no puede construir una vida conmigo. Este corazón humano fue creado para una comunión que tenga cuerpo, tiempo, presencia y reciprocidad. Por eso la palabra que más resuena en lo que escribo no es meramente “romance”, sino encarnación: romance encarnado, Amor encarnado, comunión encarnada. Lo que anhelo no es simplemente ser amada, sino que el Amor que Dios quiere que conozca tenga rostro, voz, presencia y realidad, que deje de ser una posibilidad suspendida y se convierta en una vida compartida… pues Jesús Caridad me llama simplemente a compartir una casa con otras personas: me llama a construir una comunión de Amor que refleje, imperfectamente pero de forma real, la comunión de la Trinidad.

Así pues, sueño con una familia en la que el Amor de Dios no sea sólo una idea, una doctrina o un contenido compartido en internet, sino una realidad encarnada en la vida diaria. Una familia donde se rece juntos, se converse juntos, se aprenda juntos, se sirva juntos y se crezca juntos. Una familia donde cada persona sea ayudada a descubrir quién la creó Dios para ser y donde cada uno ayude a los demás a florecer en esa vocación. Una familia que viva el Amor de Dios desde dentro hacia fuera: desde el corazón hacia las palabras, desde las palabras hacia las acciones, desde las acciones hacia la cultura que construimos alrededor nuestro. No una familia creada para ser observada por espectadores, sino una familia que exista de verdad. Una familia donde la comunión sea real, donde haya abrazos reales, conversaciones reales, reconciliaciones reales, celebraciones reales y presencia real. Una familia que aprenda a amar como ama la Trinidad: sin posesión, sin manipulación, sin borrarse mutuamente, ayudándose unos a otros a ser plenamente quienes están llamados a ser. Sueño con una familia donde el Amor de Dios deje de ser sólo una idea y se vuelva vida compartida. Una familia que aprenda a hacer visible, en la sencillez de cada día, algo del misterio de la Trinidad. Donde cada persona ayude a las demás a ser plenamente quienes Dios las creó para ser, y donde la comunión no sea virtual ni imaginada, sino encarnada, cercana y real.

Sueño con un esposo con quien compartir una vida interior real. Sueño con alguien a quien pueda hablarle al oído, no porque tenga secretos para ocultar al mundo, sino porque hay cosas que pertenecen al ámbito sagrado de la intimidad humana. Sueño con una relación donde no todo tenga que convertirse en contenido, en publicación, en comentario público o en algo mediado por plataformas que observan, registran o monetizan nuestras conversaciones. Sueño con una persona con quien pueda conversar simplemente porque nos amamos, no porque haya una audiencia mirando o un algoritmo monetizando lo que escribo. Sueño con una comunión donde las palabras puedan descansar en el corazón del otro antes de llegar a cualquier otro lugar.

Sueño con un esposo con quien mirar juntos en la misma dirección: hacia donde Jesús Caridad nos conduzca, no sólo hablando acerca de Dios Amor, sino aprendendiendo a contemplarlo juntos. Sueño con un esposo para discernir de corazón a corazón, rezar de corazón a corazón, escuchar de corazón a corazón, compartir silencios, preguntas, alegrías y búsquedas delante de Dios, sin que todo tenga que pasar primero por una pantalla. Sueño con una relación donde la primera red de comunión sea el amor entre nosotros y con Dios, no una red social. Sueño con una familia en la que se pueda encarnar la comunión a imagen y semejanza de la Trinidad: la Trinidad no vive en permanente exhibición de sí misma. El Amor trinitario posee una dimensión de intimidad, de conocimiento mutuo y de comunión interior. Del mismo modo, una familia sana necesita espacios que no existen para el consumo público, sino para el crecimiento del amor.

Lo que escribo no debe percibirse como un rechazo de la tecnología en sí, sino como un anhelo de que la tecnología ocupe su lugar adecuado. La tecnología puede servir a la comunión, pero no puede sustituirla. Una videollamada puede ayudar a dos personas que están lejos. Un mensaje puede sostener una amistad. Una publicación puede inspirar a otros. Pero ninguna de esas cosas reemplaza dos corazones que aprenden a escucharse en silencio, una conversación en una mesa, una oración compartida o una mirada que no necesita ser transmitida para ser verdadera…

Sueño con un amor que no necesite espectadores para existir. Un amor que encuentre su centro en Jesús Caridad y que aprenda a contemplar Su luz de corazón a corazón, en la intimidad de una comunión encarnada, real y compartida.

Sueño con alguien que puede verme completa, no sólo como superviviente, no sólo como víctima, no sólo como alguien que necesita ayuda, sino como una mujer con una vocación, una personalidad, unos dones, unos sueños y una llamada propia de Dios Amor, alguien maduro que pueda decir: “Conozco tus heridas, pero no son la razón principal por la que quiero compartir la vida contigo,” pues la relación no gira alrededor de la tragedia, sino que gira alrededor de la persona.

Sueño con un padre de mis hijos con quien hacer fructificar un Amor que late como comunión encarnada en un corazón de carne y hueso; que comprenda que el tiempo es uno de los dones más preciosos que Dios nos ha confiado. Sueño con un hombre que no entregue solamente algunos momentos a la comunión, sino que viva todo su tiempo como una ofrenda de amor. Sueño con un compañero de vida que, en cada una de sus estaciones, busque escuchar cómo Dios Amor le llama a amar y a servir en ese momento concreto. Sueño con alguien que dedique su tiempo a ayudar a crecer a las personas que le han sido confiadas: a su esposa, a sus hijos, a sus amigos, a quienes encuentre en el camino. No porque pueda hacerlo todo ni porque tenga fuerzas ilimitadas, sino porque vive atento a la gracia que Dios le concede en cada instante. Sueño con un hombre cuyo tiempo no esté centrado en sí mismo, sino orientado a construir comunión encarnada allí donde Dios lo coloque. Sueño con un hombre que haga de su tiempo un altar. Un hombre que ofrezca cada hora, cada conversación, cada trabajo, cada descanso y cada encuentro a Dios Amor. Un hombre que comprenda que la comunión no se construye sólo con grandes gestos, sino con miles de pequeños actos de presencia fiel. Que esté dispuesto a invertir su vida ayudando a otros a ser, crecer, florecer y resplandecer según el sueño que Dios tiene para ellos. Y que lo haga no por obligación ni por protagonismo, sino porque contempla junto a mí la luz de Jesús Caridad y desea caminar en la dirección hacia la que Él mira. Sueño con un hombre cuyo tiempo pertenezca a Dios Amor, y que por ello se convierta en tiempo entregado a la comunión encarnada: ayudando a las personas que ama a crecer, florecer y alcanzar la plenitud para la que fueron creadas. El reloj en el altar recuerda que también las horas pueden ser una ofrenda.

Sueño con un hombre que viva su tiempo de compromiso como un tiempo sagrado de preparación y encarnación de la vocación a la comunión a la que Dios Amor nos llama como tiempo para conocernos en verdad, discernir juntos, aprender a escucharnos, crecer en confianza, rezar juntos y construir, paso a paso, los fundamentos de la vida que estamos llamados a compartir… Sueño con un hombre que contemple con esperanza la comunión encarnada que Dios Amor le muestra para el resto de nuestra vida juntos, y que responda a esa llamada con fidelidad cotidiana, no sólo con palabras o promesas, sino con presencia, tiempo, escucha, cercanía y entrega. Sueño con un hombre cuyo tiempo pertenezca a Dios Amor, y que por ello se convierta en tiempo entregado a la comunión encarnada: ayudando a las personas que ama a ser, crecer, florecer y resplandecer según el sueño que Dios tiene para ellas. Porque el reloj colocado sobre el altar recuerda que también las horas pueden convertirse en una ofrenda de amor.

Palabrizando todo esto con experiencias concretas de comunión encarnada cotidianas… podría decir 77 ejemplos, algo así como un bucket list para un tiempo de compromiso de vida que es camino de comunión encarnada:

  1. Sueño con contemplar un atardecer junto a ti en silencio.
  2. Sueño con conversar contigo en un café durante horas.
  3. Sueño con caminar juntos por la playa escuchando el mar.
  4. Sueño con rezar una oración espontánea antes de despedirnos.
  5. Sueño con asistir juntos a Misa dominical.
  6. Sueño con compartir una taza de café al amanecer.
  7. Sueño con leer el Evangelio contigo y comentarlo.
  8. Sueño con pasear bajo la lluvia ligera.
  9. Sueño con visitar una librería y descubrir libros juntos.
  10. Sueño con sentarnos en un banco de plaza a observar la vida pasar.
  11. Sueño con agradecer juntos las pequeñas alegrías del día.
  12. Sueño con visitar un santuario y rezar en silencio.
  13. Sueño con compartir un picnic sencillo bajo un árbol.
  14. Sueño con escuchar tus sueños y proyectos para el futuro.
  15. Sueño con contarte los míos y discernirlos juntos.
  16. Sueño con caminar por un sendero de montaña.
  17. Sueño con rezar por las personas que amamos.
  18. Sueño con acompañarte en un día difícil.
  19. Sueño con que me acompañes en uno de los míos.
  20. Sueño con aprender algo nuevo contigo.
  21. Sueño con compartir una comida preparada con cariño.
  22. Sueño con observar las estrellas una noche despejada.
  23. Sueño con visitar un museo juntos.
  24. Sueño con conversar sobre un libro que ambos hayamos leído.
  25. Sueño con escuchar música juntos sin prisas.
  26. Sueño con ayudarte en una tarea cotidiana.
  27. Sueño con servir juntos en una obra de caridad.
  28. Sueño con rezar un misterio del Rosario caminando.
  29. Sueño con aprender de tus talentos.
  30. Sueño con celebrar tus logros sinceramente.
  31. Sueño con que celebremos los míos juntos.
  32. Sueño con compartir una tarde sin agenda.
  33. Sueño con visitar a familiares o amigos juntos.
  34. Sueño con descubrir un rincón bonito de Puerto Rico.
  35. Sueño con escribirnos cartas de vez en cuando.
  36. Sueño con intercambiar recomendaciones de lectura.
  37. Sueño con contemplar una iglesia antigua contigo.
  38. Sueño con compartir un momento de adoración eucarística.
  39. Sueño con caminar después de Misa.
  40. Sueño con conversar sobre lo que Dios va haciendo en nuestras vidas.
  41. Sueño con preparar juntos una actividad para ayudar a otros.
  42. Sueño con sentarnos frente al mar sin necesidad de hablar.
  43. Sueño con escuchar tus preguntas más profundas.
  44. Sueño con compartir las mías.
  45. Sueño con visitar un jardín botánico.
  46. Sueño con aprender a escuchar mejor gracias a ti.
  47. Sueño con que aprendamos juntos a perdonar.
  48. Sueño con que aprendamos juntos a pedir perdón.
  49. Sueño con celebrar nuestros cumpleaños con sencillez.
  50. Sueño con compartir una tarde de voluntariado.
  51. Sueño con mirar fotografías antiguas y compartir historias.
  52. Sueño con visitar un pueblo que ninguno conozca.
  53. Sueño con descubrir nuevas formas de servir a Dios juntos.
  54. Sueño con compartir un desayuno tranquilo.
  55. Sueño con caminar por un mercado local.
  56. Sueño con hablar sobre nuestros santos favoritos.
  57. Sueño con rezar por nuestros futuros hijos.
  58. Sueño con aprender a tomar decisiones juntos.
  59. Sueño con conversar sobre nuestras familias con honestidad.
  60. Sueño con contemplar una puesta de luna.
  61. Sueño con compartir un día de retiro espiritual.
  62. Sueño con escuchar cómo Dios te ha guiado en tu vida.
  63. Sueño con compartir cómo me ha guiado a mí.
  64. Sueño con plantar un árbol juntos.
  65. Sueño con visitar una biblioteca y perdernos entre estanterías.
  66. Sueño con acompañarte a cumplir uno de tus sueños.
  67. Sueño con que me acompañes a cumplir uno de los míos.
  68. Sueño con aprender a trabajar en equipo contigo.
  69. Sueño con descubrir la belleza de la vida ordinaria.
  70. Sueño con reír juntos por cosas sencillas.
  71. Sueño con compartir silencios que no resulten incómodos.
  72. Sueño con aprender a contemplar mejor gracias a tu mirada.
  73. Sueño con discernir juntos cómo responder a la llamada de Dios.
  74. Sueño con dar gracias juntos al final de un día ordinario.
  75. Sueño con ayudarnos mutuamente a ser quienes Dios nos creó para ser.
  76. Sueño con mirar en la misma dirección hacia la que mira Jesús Caridad.
  77. Sueño con construir, día tras día, una comunión encarnada que haga visible el Amor de Dios en la sencillez de la vida cotidiana.

Hablando de ir a ver museos juntos…

Me encantaría hacer una “peregrinación artística” por Europa. Viví en Europa, pero nunca fui a ni uno de sus grandes museos: el Museo de Van Gogh, el Prado, Louvre, Florencia, la Capilla Sixtina… Me encantaría por por primera vez encontrarme con un compañero artista con el cual compartir arte. Nunca he tenido con quien compartir arte. Sí que he encontrado en algún momento de mi vida alguien con mi misma pasión por escribir para pensar, pero nunca me he encontrado en mi vida alguien que sepa contemplar arte como yo, siendo los dos artistas y creativos, siendo un apasionado por contemplar y envisionar la belleza que Dios Amor nos ha hecho capaces de contemplar y plasmar creativamente…

Por supuesto, por muy buenas razones, acabaría esta peregrinación artística viendo las obras de Frida Kahlo en México. Sería todo un regalo saludar a la Virgen de la Guadalupe una vez más (ya estuve ante la tilma como misionera).

Espero que hayas pasado un feliz día de padres, donde quiera que estés…

Atentamente,

Una princesa del Cielo