Restorative Cross (Beato Charlie)

Lunes, 13 de julio de 2023: Jesús Caridad, gracias por el breve pero profundo espacio de adoración eucarística que tuvimos anoche… Aún estoy colmada de estupor ante un detalle concreto… No pude dormir demasiado anoche, y lo que dormí se sintió tremendamente ligero, pero una vez más pude descansar en Ti. Tu Eucaristía, recibirte y adorarte, es mi remanso, es mi abrazo entrañable. Anoche hicimos juntos un restorarion cross que ya había contemplado antes de dormir. Como me pediste que explicara todo en un blog post no voy a explicar ahora como se contempló antes de dormir, eso se entenderá en los párrafos siguientes…Hubo dos grandes diferencias, bueno, tres: en la cruz de anoche habia piezas de reverso y ayer no las había, en la cruz de anoche había masilla para pegar las piezas color dorado y ayer no las había (ayer no se contempló el color dorado en lo absoluto), y… ayer no se rompieron los platos como anoche. Ayer se rompieron restrayándolos contra una pared de la verdad… y a mí anoche se me pidió otra cosa: usar la espada como espada.de la verdad, y romper los platos con… por decirlo de una forma gráfica, la misma indignación de Wonder Woman en la escena tras cruzar el No Man´s Land, la escena que se llama “Saving Veld”, y con ese mismo rage con que vuelca el tanque de guerra… así fue, exactamente así, que yo rompí platos con la espada-torch goeiz.  La escena puede verse aquí:

Se me concedió hacer esto con toda la justicia del Cielo. Se me encomió a hacer la restorative cross para ofrendar a los pies de la Eucaristía todo este rage… ofrendando esa restorative cross… porque el rage no tiene la última palabra, la tiene el Amor. Es curioso porque, tal cual se me explicó anoche, el rage también puede vivirse viviendo la caridad. Y puede encausarse como corresponde en orden a abajar la Divina Caridad. Este es el detalle que me tiene llena de estupor: el evangelio de hoy habla de que has venido a traer la espada. Fue una pregunta bien lógica la que le hice a Mikh: me pides romper los platos pero hay arena en el piso y no hay muro de la verdad, ¿cómo se supone que los rompa, a lo karate kid o qué? Fue él quien lo dijo en Tu nombre: usa la espada-torch goeiz. Úsala con toda la fuerza y el poder de lo alto. Así se hizo. La alianza de la caridad esponsal resplandeció con gran fuerza, y fue la que dio paso a la irradiación de la masilla dorada con la que eventualmente pegamos todo. Nunca he visto un material así, pero supongo que debe llamarse “lechada bien espesa, como si tuviera papel majado… o “plasticina de lechada dorada espesamente grumosa”. Se me dejó clara que esta era una visión que se me concedía de lo alto, al igual que Jesús Caridad mismo, no solo para mí sino para todos los puertorriqueños indignados: encausen esa fuerza para bien. Que brille la restoración que viene de la Divina Caridad que se abaja más, más y más… Que resplandezca la justicia del Cielo en primer lugar… Se me propuso que propusiera que una casa de retiros estuviera debidamente preparada para dar este retiro de restauración (se necesita un muro de la verdad y un espacio techado para armar la cruz, que puede estar al aire libre como el bohío en que lo hicimos nosotros (esta contemplación se contempló bien puertorriqueña, esta restauración es para todos los puertorriqueños, esta restorative cross es para todos los puertorriqueños…)… y que se designara un lugar simbólico como altar de restauración de la Patria… un poco como el altar de la Patria, pero poniéndole el restorative cross… dejando ofrendas de acción de gracias por la restoración que supone ser la tierra donde Jesús Caridad eligió ser dado a luz… Solo Él es capaz de restaurarnos de esta forma, solo Él es capaz de transformar el mal en bien de esta forma, solo Él es capaz de transformarlo absolutamente todo en irradiación de Su nuevo albor de salvación… Con toda humildad dije que aunque se podría plantear hacer un bohio de la restauración en la casa de retiros familar que se propuso para la parroquia donde pertenezco… realmente si se quiere proponer esto como un proyecto de restauración espiritual que tenga impacto inmediato, sin esperar a construir toda una casa de retiros nueva sino adaptando una que ya existe… sería facilitar a Casa Manresa, si ellos así lo disponen tras rezar esto, lo necesario para restaurar la casa, para poder ofrecer retiros accesibles a todos, para construir en alguna parte del patio un muro de la verdad junto a una zona para construir la restorarion cross… y estar debidamente equipados para hacer retiros de restauración que ayuden al pueblo de Puerto Rico, para ayudar a todo aquel que necesite este auxilio espiritual, a encausar toda esta fuerza de lo alto en fuerza restorativa para hacer el bien y cambiar lo que somos llamados a cambiar según Su justicia del Cielo para ser cubiertos una vez más por Su misericordia… Este bien es para todos. Yo no tengo porque “fundar” una casa de retiros desde cero para hacer esto: esto puede hacerse en casas de retiros ya existentes, y Casa Manresa ha servido a Puerto Rico por largos años, cuando yo hice mi retiro allí a los 12 años ya estaban funcionando… La restauración es de toda la casa, de todo lo que es el centro de retiros, se le ha de dar lo necesario para seguir funcionando en óptimas condiciones apostólicas… y se le ha de hacer posible, supongo que debe estar localizada allí, eso es decisión del arzobispo de San Juan, que tiene amplia experiencia en altares de la Patria… se ha de hacer posible un altar de la restoración de la Patria con un restorative cross. Así es la justicia del Cielo de esta alianza de la caridad: restorative mercy. 

Como se me pidió escribir un blog post contando como se hace esta restorative cross, como dije antes… aquí va el blog post que se escribió, con ayuda de Chat GPT:

La Restoration Cross: que el rage no tenga la última palabra

Jesús Caridad:

Hoy vengo ante Ti sin una imagen impecable de perdón. Vengo con la verdad. Vengo con todo aquello que todavía duele, con las atrocidades que no dejan de ser atroces porque pase el tiempo, con las heridas que no desaparecen porque alguien exija silencio, con las verdades que una persona puede verse obligada a repetir una y otra vez sin recibir la respuesta que necesita. Vengo con los truth denialisms que he tenido que tragarme, con los false futures que se proyectan sobre el mañana mientras el presente sigue doliendo, con las falsas esperanzas que no restauran porque no se encarnan en obras, con todo el peso de sentir que cuanto más alto se dice la verdad, más grande puede hacerse el silencio.

Y vengo con rage. No necesariamente con un rage que quiera destruir a una persona. No con el deseo de hacer daño. Sino con ese rage contenido que permanece ahí porque hay cosas ante las cuales es justo indignarse. Porque hay atrocidades ante las cuales la indiferencia no sería virtud. Hay horrores ante los cuales el silencio no es paz. Hay injusticias ante las cuales la sumisión no es perdón. Hay verdades cuya negación no puede llamarse reconciliación. Hay heridas que no se cierran simplemente porque alguien diga: «sé positiva», «todo estará bien», «espera un poco más», «mañana será diferente».

No. El rage está. Está porque algo importa. Está porque la dignidad importa. Está porque la verdad importa. Está porque la libertad importa. Está porque una persona humana no fue creada para barely exist, sino para vivir; no para ser reducida a dependencia, miedo o silencio, sino para crecer en libertad, responsabilidad y comunión. El rage puede ser el grito de algo profundamente humano que dice: Esto no está bien. Esto no debió ocurrir. Esto no debería seguir ocurriendo. La dignidad importa. La verdad importa. La vida importa. 

Pero, Jesús Caridad, tampoco quiero que el rage tenga la última palabra. No quiero que la atrocidad me convierta en atrocidad. No quiero que la violencia produzca más violencia. No quiero que la mentira me haga abandonar la verdad. No quiero que la crueldad decida en qué se convierte mi corazón. No quiero que aquello que rompe termine teniendo soberanía sobre los fragmentos. Por eso necesito cauces. No tapaderas. No silencios impuestos. No positivismo tóxico. No otro false future. Cauces. Cauces verdaderos por los que pueda pasar la indignación sin convertirse en violencia contra una misma ni contra los demás. Cauces que permitan nombrar la atrocidad sin glorificar el odio; decir la verdad sin convertir a una persona en objeto de destrucción; expresar corporalmente la fuerza del rage sin derramar sangre ni crear nuevas víctimas.

Así nació la imagen del plato: un plato blanco, un marcador dorado y una pregunta: ¿Qué truth denialisms me han obligado a tragarme, qué false projections me han obligado a tragarme, qué mentira han querido hacer pasar por realidad? Sobre ese plato se escribe aquello que necesita ser exteriorizado.

«Eso nunca ocurrió.»

«Te lo estás imaginando.»

«Nadie te va a creer.»

«Tu dolor no importa.»

«El próximo mes todo acabará.»

«Esta vez sí serás libre.»

«Trabaja más y algún día podrás vivir dignamente.»

«Todo está bien.»

«No hay nada que ver aquí.»

«Es mejor que calles.»

«Acepta. Aguanta. Sonríe. Perdona. No incomodes.»

Y después se toma el plato. Se mira lo que está escrito. Se reconoce: Esto fue dicho. Esto fue vivido. Esto dolió. Esto produjo indignación porque había una dignidad que merecía algo mejor. Y entonces se lanza. El plato vuela hacia el Muro de la Verdad. CRASH. No se rompe una persona. No se escribe el nombre de alguien para representar su destrucción. No se fantasea con herir un cuerpo. Se rompe el plato. Se quiebra simbólicamente aquello que estaba escrito sobre él. Durante un instante, el rage tiene un sonido. No tiene sangre. No tiene víctimas. Tiene un cauce. CRASH.

Pero este retiro de restauración no dice entonces: «Ya está. Ya sanaste. Ya todo está bien. Ahora perdona y sonríe.» Porque eso sería otro false future.

El plato se rompió, pero la injusticia no desapareció mágicamente. La atrocidad no dejó de haber ocurrido. Una estructura injusta no se transforma porque una persona rompa cerámica. Una persona que necesita protección sigue necesitando protección. Quien necesita vivienda sigue necesitando vivienda. Quien necesita libertad sigue necesitando libertad. Quien necesita justicia sigue necesitando justicia. Quien necesita ser escuchado sigue necesitando una comunidad y unas instituciones capaces de escuchar y responder responsablemente. Por eso, después del CRASH, viene el silencio. No el silencio de quien es obligado a callar. El silencio contemplativo de quien se niega a falsificar lo ocurrido. Sí. El plato se rompió. Sí. Hay cosas que no pueden deshacerse. Sí. Hay pérdidas que siguen siendo pérdidas.Sí. Hay heridas que no dejan de doler simplemente porque deseemos que dejaran de hacerlo… y no vamos a mentir sobre ello. No recogemos nuestros propios pedazos

Sí, entonces ocurre algo esencial; nadie se acerca a recoger los fragmentos de su propio plato. Nadie intenta averiguar:¿Dónde está mi pedazo? ¿Cuál de estos era mío? ¿Puedo volver a construir exactamente mi plato original? No. Porque la restauración no consiste necesariamente en regresar a como éramos antes, y porque nadie se restaura completamente solo. Los fragmentos son recogidos posteriormente por personas preparadas para hacerlo con seguridad. Se mezclan con los fragmentos de muchos otros platos, de muchas otras historias, de muchas otras indignaciones. Entonces dejan de ser mis pedazos y tus pedazos y se convierten en uestros fragmentos compartidos. Quizá un pedazo de mi plato termine formando parte de tu cruz. Quizá un fragmento del tuyo termine en la mía. 

Quizá yo sostenga entre mis manos un trozo donde solo pueda leerse:

«…NUN…»

O:

«…NO TE CRE…»

O:

«FAL… FUTU…»

O:

«…SILEN…»

O:

«TRU…»

La frase ya no está entera. El plato se rompió. Las palabras quedaron atravesadas por la fractura. Y entonces comprendemos: tu fragmento puede estar en mi cruz y mi fragmento puede estar en la tuya, porque la restauración de una persona y la restauración de un pueblo no son colecciones de salvaciones privadas. «Lleven los unos las cargas de los otros» (Gal 6,2). No sabemos de quién era cada fragmento, y precisamente por eso importa esta Restoration Cross. Entonces llegamos al Taller de los Fragmentos Compartidos, un bohío grande, una casa común luminosa, con amplias mesas. En ella están dispuestos de manera segura los pedazos de los platos rotos. La mayoría conserva solamente fragmentos de las palabras originales, porque las frases se escribieron antes de lanzar el plato.

«TRU…»

«…DENI…»

«FAL… FUTU…»

«…NADIE TE…»

«…NO OCUR…»

«…SILEN…»

«…DIGNI…»

«…ESCLAVI…»

«…PROMESAS…»

Palabras partidas. Frases incompletas. Mentiras que ya no pueden presentarse como un discurso entero e incuestionable porque ahora están físicamente atravesadas por la fractura. Pero entre esos fragmentos hay también algunos colocados deliberadamente al reverso. Sobre ellos pueden escribirse, en dorado, palabras de la Escritura:

«La verdad los hará libres.»
— Juan 8,32

«El Señor está cerca de los corazones rotos.»
— cf. Salmo 34,19

«He aquí que hago nuevas todas las cosas.»
— Apocalipsis 21,5

«Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos.»
— cf. Isaías 61,1

«Lleven los unos las cargas de los otros.»
— Gálatas 6,2

«Por sus heridas hemos sido sanados.»
— Isaías 53,5

Y entonces, con esos fragmentos —con pedazos de muchos platos, de muchas historias, de muchas indignaciones—, cada persona construye una Cruz sobre una base de madera. No necesariamente una cruz de bordes perfectamente rectos. Algunas quedarán más uniformes. Otras serán asimétricas. En unas sobresaldrá algún fragmento. En otras quedará algún pequeño espacio… porque la restauración no exige una perfección artificial. Los fragmentos son unidos mediante una materia dorada, una especie de masilla o pasta adhesiva que recuerda los surcos dorados de Fiat Pax, aquel jarrón hecho de papel reciclado en el que lo recuperado fue reunido mediante líneas de oro. Y entonces el símbolo adquiere toda su profundidad: En Fiat Pax, el papel reciclado fue reunido por surcos dorados. En la Restoration Cross, los fragmentos compartidos son reunidos por una materia dorada. El oro no borra las grietas. Las hace visibles. No pretende que el plato nunca se rompió. No intenta reconstruir el plato original. Hace algo distinto. Con los fragmentos construye una Cruz. Y esta diferencia lo cambia todo: No reconstruimos el plato. Construimos la Cruz. Porque quizá no podamos regresar a quienes éramos antes de determinadas heridas. Quizá algunas pérdidas sean irreversibles. Quizá algunas atrocidades hayan dejado marcas permanentes. Pero la restauración cristiana no necesita falsificar la historia para proclamar esperanza. Cristo resucitado conserva sus llagas. Cuando Tomás necesita verdad, Jesús no le dice: «Eso ya pasó. Deja de ser negativo. Piensa en el futuro.» Le muestra sus manos. Le muestra su costado. Le muestra las heridas. La Resurrección no hizo del Viernes Santo algo que nunca ocurrió. Lo atravesó. Por eso la Restoration Cross proclama: Esto ocurrió. Esto dolió. Esto se rompió. No vamos a negarlo. Pero la ruptura no tendrá la última palabra. De cerca, las heridas; de lejos, la Cruz

Me imagino contemplando esa cruz. De cerca, veo fragmentos. Veo «TRU…». Veo «…DENI…». Veo «FAL… FUTU…». Veo una palabra que ya no puede terminarse porque el borde roto atraviesa las letras. Veo las heridas. Pero doy unos pasos hacia atrás y aparece la Cruz. De cerca, se ven los fragmentos. De lejos, aparece la Cruz. No porque la Cruz borre los fragmentos, sino porque los reúne sin negar lo que son. Y aquí encuentro el corazón de mi propio pensamiento sobre el growing-together-in-communion: cada fragmento conserva su particularidad. No desaparece, no se disuelve, no se uniforma, no pierde completamente la huella de su historia, pero entra en relación con otros fragmentos, y juntos forman algo que ninguno podría formar solo: comunión encarnada. La Cruz de los fragmentos compartidos se convierte así en sacramento visible de una verdad: Nadie se restaura solo. Nadie carga únicamente con sus propios fragmentos. Mi historia puede entrar en comunión con la tuya. Mi fragmento puede participar en tu Cruz. El tuyo puede participar en la mía. Y juntos podemos restaurar el orden del Amor.

Por eso comprendí que esto no debía llamarse simplemente Apostolado del Rage. El rage no es el centro. El rage existe. Se reconoce. Se escucha. Se discierne. Se le da cauce. Pero no recibe el trono. Es el Apostolado de la Restauración, porque el movimiento no termina en el CRASH: el movimiento completo es:

Verdad → Indignación → Cauces → Ruptura → Silencio → Fragmentos compartidos → Cruz → Restauración → Compromiso → Comunión. El rage tuvo una palabra. Pero no tuvo la última palabra. La atrocidad fue nombrada. Pero no tuvo la última palabra. El truth denialism fue escrito. Pero no tuvo la última palabra. El false future fue confrontado. Pero no tuvo la última palabra. Los fragmentos permanecieron. Pero tampoco tuvieron la última palabra. La última palabra pertenece al Amor. No a un amor abstracto. No a un amor sentimental. No a un amor utilizado para exigir silencio a quien sufre. No a un amor que dice «perdona y calla». No a un amor que proyecta futuros falsos para evitar confrontar el presente. Al Amor encarnado. Al Amor que escucha la verdad. Al Amor que protege la dignidad. Al Amor que busca la justicia. Al Amor que construye condiciones concretas de libertad. Al Amor que recoge fragmentos. Al Amor que hace comunión. Al Amor que restaura a la usanza de una Casa de la Restauración

Y entonces la visión crece: ya no se trata simplemente de encontrar un lugar donde romper platos, se trata de un Bohío de la Restauración: una gran bohío en una casa de retiros que sea capaz de recibir durante todo un fin de semana a personas que necesitan contemplar la verdad, la dignidad, la indignación, la Cruz y la responsabilidad social como parte de un retiro de restauración, como lo sería en Puerto Rico Casa Manresa.  Una casa de restauración bella. Luminosa. Rodeada de naturaleza, con habitaciones, comedor comunitario, capilla, jardines, espacios de silencio, n gran salón para la formación… y una gran bohío que funcione como zona del retiro de restauración donde se ubique la pared de la verdad y las mesas para ir armando la restorative cross. Este sería n Muro de la Verdad, diseñado profesionalmente para que los platos puedan ser lanzados desde una distancia segura, con un área separada donde el personal preparado recoge y procesa los fragmentos, y un gran bohío con el taller de los fragmentos compartidos, donde las piezas ya seguras esperan para convertirse en cruces.

El viernes, el retiro comenzaría con una pregunta: ¿Qué te indigna porque amas? 

No:¿A quién odias? 

No: ¿A quién quieres destruir?

Sino: ¿Qué te indigna porque amas? ¿Qué realidad te produce rage y necesitas restaurar porque sabes que la dignidad humana exige algo mejor? ¿Qué has visto o vivido que te hace decir: «Esto no debería ser así»?

Entonces se contempla la dignidad, porque antes del rage está la dignidad vulnerada, antes del grito está algo que importaba, antes de la indignación hay un bien amado: me indigna porque importa, me indigna porque la persona importa, me indigna porque la verdad importa, me indigna porque Puerto Rico importa, me indigna porque ningún ser humano debería verse reducido a apenas existir.

El sábado: escribir, lanzar, callar. El sábado sería el día de la verdad. Cada persona podría preguntarse: ¿Qué ocurrió? ¿Qué dignidad fue vulnerada? ¿Qué verdad necesito dejar de tragarme en silencio? ¿Qué injusticia hemos normalizado? ¿Qué no estoy dispuesto a seguir llamando normal? Entonces llegan los platos. Quizá uno. Quizá varios. Cada persona escribe en dorado aquello que necesita nombrar. Y después llega el Muro de la Verdad. El plato vuela. CRASH. Y nadie aplaude. Nadie obliga a sonreír. Nadie dice: «Ya está, ahora estás sanado». Se vuelve al silencio. Porque algunas personas sentirán alivio. Otras llorarán. Otras seguirán sintiendo rage. Otras quizá no sientan nada. Y todo eso debe poder existir sin fabricar otro false future emocional.

Después vendrá el Taller: los fragmentos compartidos, la Cruz, la materia dorada y la espera, porque la Cruz necesita secarse, no queda terminada instantáneamente. Hay que esperar. Pero tampoco aquí se predica una espera pasiva ante la injusticia. El tiempo de secado no significa resignación. Significa simplemente que la restauración verdadera no puede apresurarse ni falsificarse.

El domingo: ¿qué debe cambiar? Y entonces llega el domingo. Cada participante tiene ante sí su cruz. Pero el retiro no puede terminar ahí. Porque si una persona escribió: «NO PUEDO PAGAR UNA VIVIENDA,» la respuesta cristiana no puede ser: «Aquí tienes una cruz. Ten esperanza y vuelve a la misma precariedad.» Eso convertiría la esperanza en otro false future. Por eso, después de la Cruz viene la pregunta de la Doctrina Social de la Iglesia: ¿Qué debe cambiar?

¿Qué debe cambiar para que otros no tengan que romper platos por esta misma injusticia dentro de veinte años? ¿Qué debe cambiar para que trabajar permita vivir con dignidad?

¿Qué debe cambiar para que una persona pueda escapar efectivamente de una situación abusiva?

¿Qué debe cambiar para que la libertad no sea un privilegio reservado a quien tiene suficiente dinero?

¿Qué debe cambiar para que la protección sea real?

¿Qué debe cambiar para que la vivienda, el trabajo, la seguridad, la participación social y la posibilidad de construir una vida sean compatibles con la dignidad humana?

¿Qué debe cambiar en mí?

¿Qué debe cambiar en nuestras familias?

¿Qué debe cambiar en nuestras comunidades?

¿Qué debe cambiar en nuestras iglesias?

¿Qué debe cambiar en nuestras instituciones?

¿Qué debe cambiar en Puerto Rico?

Y entonces comprendemos que el Retiro de la Restauración es también Doctrina Social de la Iglesia hecha contemplación, símbolo y obra. No se limita a definir la dignidad: pregunta dónde está siendo vulnerada; no se limita a hablar de solidaridad: pone en mis manos los fragmentos de otros; no se limita a definir el bien común: pregunta qué está rompiendo a nuestro pueblo; no se limita a condenar la violencia, ofrece un cauce para que la indignación no tenga que convertirse en violencia; no se limita a predicar esperanza: rechaza los false futures y exige una esperanza encarnada en obras; no se limita a hablar de la Cruz: la construye con los fragmentos compartidos de aquello que un pueblo ya no puede seguir tragándose en silencio.

¿Cuántos más tienen que pagar los platos rotos? Entonces resuena la pregunta: ¿Cuántos más tienen que pagar los platos rotos del truth denialism para que entendamos que normalizar la negación de la verdad termina normalizando la negación de la dignidad?

¿Cuántos más tienen que pagar los platos rotos de las verdades que nadie quiso escuchar?

¿De las denuncias que no recibieron una respuesta efectiva?

¿De las promesas que nunca se encarnaron?

¿De los false futures proyectados una y otra vez?

¿De quienes trabajan y aun así no consiguen vivir dignamente?

¿De quienes no pueden independizarse porque la pobreza convierte la libertad en un privilegio?

¿De quienes necesitan escapar de situaciones abusivas pero carecen de recursos suficientes para hacerlo?

¿De quienes reciben discursos sobre esperanza cuando lo que necesitan son obras concretas de restauración?

Porque la esclavitud no comienza siempre con cadenas visibles, puede aparecer cuando una persona carece de alternativas reales, cuando la pobreza sistemática hace imposible la autonomía, cuando la dependencia se convierte en una condición prácticamente inevitable, cuando la libertad existe jurídicamente en el papel, pero no materialmente en la vida, cuando una persona puede trabajar y trabajar y trabajar y aun así no acceder a vivienda, seguridad o independencia.

Entonces la pregunta del retiro deja de ser simplemente: el «¿Cómo hacemos para que la gente deje de sentir tanto rage?» pasa a ser «¿Qué verdad está gritando este rage y qué debemos restaurar para que las personas puedan vivir realmente con dignidad?»

Así lo enseña el Evangelio de hoy: esta es una paz que no puede construirse sobre la negación de la verdad. Hoy, Jesús Caridad, escucho Tu Evangelio:

«No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada.» Y después pronuncias unas palabras especialmente difíciles:

«Los enemigos de cada cual serán los de su propia casa.» Y finalmente: «El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí.» El Evangelio de hoy es Mateo 10,34–11,1. No entiendo esa espada como autorización para la violencia. La entiendo como la irrupción de una Verdad que corta la falsa paz construida sobre la mentira. Porque existe una paz falsa.

La paz de «no hables de eso».

La paz de «no incomodes».

La paz de «perdona y ya».

La paz de «sonríe para que los demás puedan sentirse tranquilos».

La paz que exige a quien sufre que calle para conservar la apariencia de armonía.

Pero Tú no llamaste paz a cualquier silencio, y la primera lectura de hoy lo proclama con una fuerza todavía mayor. En Isaías 1, Dios rechaza un culto que convive tranquilamente con la injusticia y ordena buscar el derecho, corregir al opresor y defender al vulnerable. Por eso la Cruz de la Restauración no puede ser una invitación a la sumisión ante el abuso. No puede ser un objeto bonito que diga: «Sufre en silencio.» No. La Cruz proclama otra cosa. Cristo no resucitó borrando sus heridas. La Resurrección no convirtió los clavos en imaginarios. El Amor no llamó mentira a la atrocidad. Las llagas permanecieron visibles.

Y por eso también nuestros fragmentos pueden permanecer visibles.

En esta Casa de la Restauración ha de formarse una Cruz que nadie se lleve consigo, una gran Cruz comunitaria: la gran restorative cross de Puerto Rico Una Cruz que crezca retiro tras retiro, año tras año, con fragmentos procedentes de miles de platos. La Gran Cruz de Puerto Rico. Miles de personas podrían haber escrito: «No puedo pagar una casa.» «Trabajo y no me alcanza.» «Tengo miedo.» «No me escucharon.» «No puedo salir de la dependencia.» «La violencia me alcanzó.» «Perdí mi hogar.» «Tuve que irme de mi isla.» «Estoy solo.» «Estoy agotada.» «Esto no debería ser así.» Y después:

CRASH. Los platos se rompen. Las frases quedan fragmentadas. Los pedazos se mezclan, y algunos pasan a formar parte de la Gran Cruz, que una vez completada, pasa a un altar de la Patria donde se celebre la restoración de la Patria.  Con los años, podría llegar a contener miles de historias que nadie puede reconstruir individualmente. Pero juntas dicen algo: 

Aquí está la indignación de un pueblo.
Aquí están las verdades que necesitaban ser pronunciadas.
Aquí están las injusticias que no debían normalizarse.
Aquí están las heridas que no podían seguir enterrándose bajo positivismo tóxico.
Aquí están nuestros fragmentos compartidos.

Y, sin embargo:

El rage no tuvo la última palabra. No porque fuera negado. No porque fuera silenciado. No porque se obligara a nadie a ofrecer una imagen impecable de perdón. Sino porque encontró un cauce. Y después del cauce vino la Cruz. Y después de la Cruz vino la pregunta: ¿Qué vamos a restaurar juntos? Fiat Pax!

Sí, anoche volvimos al jarrón que hicimos antaño con kintsugi dorado en papel, titulado Fiat Pax. Hágase la paz. Un jarrón nacido del papel reciclado tras tortura, reunido mediante surcos dorados. Ahora comprendo que aquella imagen y esta nueva Cruz hablan un lenguaje común. Pero la paz de Fiat Pax no puede ser la paz del silencio impuesto. No puede ser la paz del truth denialism. No puede ser la paz de los false futures. No puede ser la paz que dice a la persona herida: «No hables más. No te indignes. No incomodes. Sonríe. Perdona. Finge que todo está bien.» Esa no es la paz que quiero. Fiat Pax. Hágase la paz verdadera. 

La paz fundada en la verdad.

La paz que reconoce la dignidad.

La paz que hace justicia.

La paz que permite libertad.

La paz que restaura.

La paz que hace comunión.

La paz que recoge los fragmentos sin negar que algo se rompió.

La paz que pasa por la Cruz sin utilizar la Cruz para justificar la opresión.

La paz que contempla las llagas del Resucitado y comprende que la gloria no necesita falsificar la historia.

Jesús Caridad:

Aquí estoy.

Hoy no te ofrezco una imagen impecable de perdón.

Te ofrezco la verdad.

Te ofrezco el rage que existe.

Te ofrezco la indignación ante aquello que considero intolerable.

Te ofrezco las palabras que no quiero seguir tragándome.

Te ofrezco los truth denialisms.

Te ofrezco los false futures.

Te ofrezco el cansancio de esperar cambios que no llegan.

Te ofrezco el dolor de experimentar que la realidad permanece.

Te ofrezco el grito: Esto no debería ser así.

No te pido que me enseñes a llamar bueno a lo malo.

No te pido que me enseñes a llamar paz al silencio.

No te pido otro futuro proyectado para anestesiar el presente.

Te pido un cauce.

Te pido Verdad.

Te pido Justicia.

Te pido Libertad.

Te pido Restauración.

Te pido que no permitas que ninguna atrocidad, ninguna mentira, ninguna injusticia ni ningún rage tengan la última palabra.

Tomo este plato.

Escribo sobre él aquello que necesito dejar de tragarme a la fuerza, cada violación a la dignidad, cada truth denialism, cada social slavery, cada false future…que ha asolado a esta isla del encanto que es Tu isla llena de gracia…

Lo miro.

Reconozco la verdad de mi indignación.

Y lo lanzo.

CRASH.

Después guardo silencio.

No digo que todo esté arreglado.

No digo que todo haya terminado.

No digo que la herida haya desaparecido.

Espero.

Y entonces voy al lugar de los fragmentos compartidos.

No busco mi propio plato.

No intento volver al antes.

Recibo los pedazos de una Patria herida a la que Tú quieres restaurar como Patria Nueva. 

Quizá mi fragmento esté en la Cruz de alguien más.

Quizá el suyo esté en la mía.

Y con la materia dorada de la restauración comienzo a reunirlos.

Uno.

Otro.

Otro más.

No todos encajan perfectamente.

Algunos sobresalen.

Otros dejan espacios.

Algunas palabras permanecen visibles.

Otras quedaron partidas para siempre.

Y lentamente aparece una Cruz.

Mi Restoration Cross.

Pero no está hecha solamente de mí.

Está hecha de nosotros.

Y entonces comprendo:

Lo que fue roto por la negación de la verdad es recogido en la verdad.
Lo que fue dispersado por la violencia es reunido en comunión.
Lo que llevaba escrita una mentira pasa a formar parte de una obra de verdad.
Lo que expresaba rage no termina en destrucción: se convierte en Cruz.

Y la Cruz me dice:

La atrocidad ocurrió.
La herida es verdadera.
Los fragmentos existen.
El rage existe.
Pero ninguno de ellos tendrá la última palabra.

La última palabra será la Verdad.

La última palabra será la dignidad.

La última palabra será la Justicia.

La última palabra será la Libertad.

La última palabra será la Restauración.

La última palabra será la Comunión.

La última palabra será el Amor.

Y entonces puedo decir, contemplando los surcos dorados que reúnen los fragmentos: Fiat pax.

Hágase la paz.

Pero no una paz construida sobre el silencio, sino…

Una paz que haya mirado la verdad de frente.

Una paz que no niegue las heridas.

Una paz que no necesite false futures.

Una paz que se haga obra concreta de dignidad y justicia.

Una paz donde nadie tenga que apenas existir.

Una paz donde la libertad no sea privilegio.

Una paz donde los fragmentos de unos puedan ser sostenidos por otros.

Una paz de comunión.

Una paz encarnada.

Una paz restauradora.

Jesús Caridad, recoge nuestros fragmentos compartidos como puertorriqueños del nuevo albor, como jíbaros del nuevo albor.

No borres las palabras que necesitamos recordar.

No ocultes las grietas.

No permitas que llamemos entero a lo que todavía está roto.

Pero haz que el oro de Tu Caridad atraviese nuestras fracturas.

Haz de nuestros fragmentos una Cruz.

Haz de nuestra Cruz una llamada a la restauración.

Haz de nuestra indignación un compromiso con la dignidad.

Haz de nuestra verdad una obra de libertad.

Haz de nuestra libertad una responsabilidad compartida.

Haz de nuestra responsabilidad una comunión encarnada.

Y haz que de un pueblo que tiene tantas razones para sentirse herido pueda nacer no una resignación silenciosa, ni una violencia nueva, ni otro false future, sino una obra viva de restauración del orden del Amor.

Porque no queremos que el rage tenga la última palabra.

Pero tampoco queremos silenciarlo con mentiras.

Queremos escuchar qué dignidad está defendiendo.

Queremos discernir qué injusticia está señalando.

Queremos darle un cauce que no hiera.

Queremos recoger los fragmentos.

Queremos construir la Cruz.

Queremos preguntarnos qué debe cambiar.

Y queremos crecer juntos en comunión hasta que Tu Amor deje de ser solamente una palabra proclamada y se convierta en Verdad reconocida, dignidad protegida, justicia buscada, libertad efectiva, cargas compartidas y vida verdaderamente posible para todos.

No reconstruimos el plato.

Construimos la Cruz como restorative cross

No negamos los fragmentos.

Los hacemos comunión.

No silenciamos el rage.

Le damos cauce para que no tenga la última palabra.

No proyectamos otro false future.

Nos comprometemos con la restauración del presente

Jesús Caridad:

La materia dorada que une esta restorative cross no representa una esperanza inventada por nosotros para cubrir las grietas. Representa Tu Divina Caridad: la justicia del Cielo que se abaja, entra en nuestra historia herida y se hace Amor vivo, concreto y restaurador entre nosotros.

Porque Tu Caridad no contempla nuestros fragmentos desde lejos. No permanece intacta en lo alto mientras un pueblo se deshace abajo. Desciende. Se aproxima. Toca las heridas. Carga el peso de la historia. Entra en los espacios quebrados y comienza a reunir aquello que la violencia, la pobreza, la desigualdad, el abandono y la negación de la verdad dispersaron: «La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14).

Eso es la Divina Caridad: el Amor eterno hecho presencia histórica. No una idea consoladora, sino Dios mismo entrando corporalmente en un mundo roto. No una promesa lejana utilizada para silenciar el presente, sino la Justicia del Cielo hecha Carne para buscar al perdido, levantar al caído, devolver dignidad al despreciado y reunir en comunión a los hijos dispersos.

Por eso los surcos dorados de la Cruz no son simples adornos. Son signo de esa Caridad que viene de Ti y se derrama dentro de las fracturas humanas. El oro no oculta dónde el plato se quebró. Al contrario: entra precisamente allí. La Divina Caridad no evita nuestras grietas; las atraviesa, las sostiene y las convierte en lugares de encuentro.

Cada línea dorada podría decir:

Aquí descendió el Amor.
Aquí la Justicia se hizo misericordia activa.
Aquí la Verdad encontró acogida.
Aquí un fragmento dejó de permanecer abandonado.
Aquí comenzó nuevamente la comunión.

Tu Caridad, Jesús, no es contraria a la justicia. Es su plenitud viva. Benedicto XVI enseñó que la caridad necesita de la verdad para no convertirse en sentimentalismo vacío, y que la justicia es inseparable del amor: amar a alguien exige reconocer y darle lo que corresponde a su dignidad. Francisco, por su parte, recordó que existe una caridad social y política, una forma de amor que no se limita a los gestos privados, sino que busca transformar las relaciones, las instituciones y las condiciones concretas de la vida común.

Por eso la materia dorada no puede significar: «olvidemos lo ocurrido y volvamos a estar juntos». Eso no sería Caridad, porque la Caridad no se construye contra la verdad. Tampoco puede significar: «aceptemos resignadamente que algunos permanezcan empobrecidos, dependientes o excluidos». Eso no sería paz, porque la paz cristiana exige que la dignidad y los derechos de cada persona sean efectivamente reconocidos.

Francisco enseña que, cuando la dignidad humana es respetada y sus derechos son reconocidos y garantizados, pueden florecer la creatividad, la interdependencia y las obras orientadas al bien común. La materia dorada simboliza, entonces, una restauración que ha de hacerse estructura, vínculo, protección y posibilidad real de vivir:

verdad que encuentra escucha;
justicia que protege;
trabajo que permite vivir;
vivienda que permite descansar;
educación que abre caminos;
instituciones que sirven;
comunidades que no abandonan;
fraternidad que no deja a nadie solo entre sus fragmentos.

La Cruz de un pueblo atravesado por muchas fracturas

Jesús Caridad, esta Cruz no está hecha solamente con fragmentos individuales. También contiene los pedazos de nuestra historia colectiva como Patria del Nuevo Albor.

Puerto Rico ha atravesado una prolongada crisis económica, una pérdida poblacional profunda, terremotos, huracanes, fallas prolongadas de infraestructura y una contracción dramática de su sistema escolar. Entre 2006 y 2018, la matrícula de las escuelas públicas se redujo aproximadamente un 44 %, y cientos de escuelas fueron cerradas durante los años de descenso demográfico y austeridad. Después del huracán María y de los terremotos de 2020, muchas comunidades educativas continuaron enfrentando daños, precariedad energética y una reconstrucción lenta.

Cada una de esas realidades dejó fragmentos.

Fragmentos de hogares.

Fragmentos de escuelas que habían sido centros vivos de sus comunidades.

Fragmentos de familias separadas por la migración.

Fragmentos de proyectos de vida.

Fragmentos de confianza institucional.

Fragmentos de una economía en la que demasiadas personas trabajan sin alcanzar las condiciones materiales necesarias para una existencia verdaderamente libre.

Fragmentos producidos por desigualdades que no nacieron ayer y por una relación política y colonial cuya interpretación concreta puede generar desacuerdos, pero cuya carga histórica, económica y democrática no puede tratarse como si no existiera.

Y junto a esas heridas colectivas, te entrego también aquello que yo nombro como el Unbeing War que experimento alrededor de mí: todo cuanto siento dirigido a negar mi ser, mi palabra, mi libertad, mi autonomía y mi capacidad de participar plenamente en la vida social. No te pido, Jesús, una explicación precipitada que pretenda resolver desde fuera todo lo que vivo. Te pido que ninguna experiencia de despersonalización, ningún silencio, ninguna dependencia ni ninguna negación de la dignidad consigan reducirme —ni reducir a nadie— a menos de lo que Tú creaste.

Porque la Restauración no consiste únicamente en reparar edificios después de un huracán.

También hay que restaurar la confianza.

Hay que restaurar los vínculos.

Hay que restaurar el derecho de cada persona a tener una voz.

Hay que restaurar la capacidad de las comunidades para cuidarse.

Hay que restaurar la educación como obra de futuro compartido.

Hay que restaurar una economía puesta al servicio de la persona y no una persona sacrificada al funcionamiento de la economía.

Hay que restaurar la posibilidad de permanecer en la propia tierra sin que emigrar sea la única ruta razonable hacia una vida digna.

Hay que restaurar la conciencia de que somos un pueblo y no una suma de supervivientes aislados, hay que restaurar la conciencia de que Tú eres Jesús Caridad, dado a luz en esta tierra llena de gracia.

No creo que Puerto Rico pueda restaurarse únicamente mediante administración, inversión o reorganización institucional, aunque todas ellas sean necesarias. La restauración plena exige también un corazón nuevo, una nueva forma de mirarnos, una conversión profunda de nuestras relaciones.

Solo Tú, Jesús Caridad, puedes enseñarnos a pasar de la supervivencia aislada a la comunión encarnada.

Solo Tú puedes enseñarnos una paz que no sea silencio impuesto.

Solo Tú puedes enseñarnos una justicia que no se vuelva venganza.

Solo Tú puedes enseñarnos una verdad que no sea utilizada para humillar, sino para liberar.

Solo Tú puedes enseñarnos a contemplar los fragmentos ajenos como algo que también nos concierne.

Solo Tú puedes hacernos comprender que el dolor de un hermano no es un asunto privado del que los demás puedan desentenderse.

Tú has querido ser dado a luz espiritualmente también en esta isla del encanto, en esta tierra tantas veces llamada tierra de gracia: en sus comunidades, en sus altares, en las manos que sirven después de los desastres, en los vecinos que alimentan a otros cuando fallan las estructuras, en quienes enseñan aun dentro de escuelas deterioradas, en quienes cuidan a enfermos, ancianos, animales y niños, en quienes se niegan a permitir que el abandono tenga la última palabra.

Hazte nacer de nuevo en Puerto Rico como Eucaristía encarnada, como Caridad viva y encarnada.

No como sentimentalismo.

No como lema.

No como un lenguaje religioso que nos permita evitar la justicia.

Nace como alimento compartido.

Como casa abierta.

Como trabajo digno.

Como escuela viva.

Como acompañamiento efectivo.

Como participación ciudadana.

Como autoridad entendida como servicio.

Como valentía para decir la verdad.

Como capacidad de reconocer los errores institucionales.

Como reconciliación que comienza por escuchar aquello que fue negado.

Como una fraternidad que no exige uniformidad, pero sí reconoce que todos tenemos igual dignidad.

En la Restoration Cross, la materia dorada separa unas piezas de otras y, al mismo tiempo, las une.

Los surcos dorados como caminos nuevos

Sí, estos surcos también puede ser imagen de la comunión que necesitamos como pueblo.

La comunión no borra las diferencias. No funde todas las historias en una sola versión obligatoria. No exige que pensemos de manera idéntica ni que tengamos las mismas heridas. Une sin confundir y distingue sin separar.

Los surcos dorados pueden convertirse en caminos.

Caminos nuevos entre generaciones.

Entre quienes se quedaron y quienes emigraron.

Entre pueblos y ciudades.

Entre comunidades pobres y quienes concentran recursos.

Entre escuelas, parroquias, organizaciones y familias.

Entre quienes han aprendido a desconfiar unos de otros.

Entre personas que interpretan de manera distinta la historia y el futuro político de Puerto Rico, pero que todavía pueden encontrarse en la defensa innegociable de la dignidad humana y del bien común.

Francisco escribió que solo cultivando relaciones de acogida, respeto, escucha, cuidado y servicio se hace posible una amistad social que no excluya a nadie y una fraternidad abierta a todos. Esa amistad social es precisamente el oro que necesitamos entre nuestros fragmentos.

No será una comunión barata.

Exigirá verdad.

Exigirá memoria.

Exigirá reparación cuando corresponda.

Exigirá cambios económicos y sociales.

Exigirá que quienes tienen poder acepten rendir cuentas.

Exigirá que el dolor de las comunidades no sea reducido a estadísticas.

Exigirá que la Doctrina Social de la Iglesia deje de permanecer escrita únicamente en documentos y se convierta en decisiones, presupuestos, obras y estilos de gobierno.

Pero entonces los surcos dorados dejarán de ser únicamente señales de fractura.

Se convertirán en senderos de encuentro.

Hermanos dignos, libres e iguales en el Amor

Jesús Caridad, enséñanos a caminar juntos de una manera nueva.

No como amos y dependientes.

No como quienes poseen voz y quienes solo pueden obedecer.

No como quienes tienen derecho a una vida plena y quienes deben conformarse con sobrevivir.

No como benefactores superiores y receptores pasivos.

Sino como hermanos dignos, libres e iguales en el Amor.

Iguales no porque seamos idénticos, sino porque todos recibimos de Ti la misma dignidad inviolable.

Libres no para desentendernos unos de otros, sino para entregarnos responsablemente al bien común.

Dignos no por nuestra productividad, riqueza, influencia o credibilidad social, sino porque cada persona ha sido creada, mirada y amada por Ti.

Hermanos no como una metáfora piadosa, sino como una realidad que reorganiza nuestra economía, nuestra política, nuestras instituciones y nuestras prioridades.

Que podamos crecer juntos en una comunión cada vez más plenamente encarnada:

una comunión que tenga techo;

una comunión que tenga mesa;

una comunión que tenga escuela;

una comunión que tenga cuidados;

una comunión que tenga participación;

una comunión que tenga justicia;

una comunión donde decir la verdad no condene a nadie al abandono;

una comunión donde pedir ayuda no destruya la autonomía;

una comunión donde la vulnerabilidad no pueda ser utilizada para dominar;

una comunión donde la dignidad no sea una proclamación abstracta, sino una experiencia civil cotidiana.

Hoy Tu Evangelio coloca muy cerca la espada y la Cruz. La espada rompe la apariencia de una paz que se apoya en la negación; la Cruz reúne aquello que la verdad reveló como fragmentado.

Pero después de la espada y de la Cruz tiene que aparecer Tu paz.

No la falsa paz anterior.

Tu paz.

La paz que no retrocede ante la verdad.

La paz que nace de la justicia.

La paz que restaura relaciones sin obligar a las víctimas a mentir.

La paz que desarma la violencia, pero también transforma las condiciones que la alimentan.

La paz que nos permite caminar juntos sin que unos tengan que arrodillarse ante otros.

La paz que desciende del Cielo y se hace Caridad viva en la tierra.

Por eso la materia dorada de la Restoration Cross es también una plegaria:

Descienda Tu Justicia como Caridad.
Entre en nuestras grietas.
Reúna nuestros fragmentos.
Convierta las fronteras del dolor en lugares de encuentro.
Devuelva a cada persona el lugar que corresponde a su dignidad.
Enséñenos a caminar como hermanos.

No reconstruyas el orden antiguo que produjo tantos fragmentos.

Construye con nosotros algo nuevo.

No nos devuelvas simplemente a la normalidad que dejó a tantos atrás.

Haz nacer una comunión más plena.

No permitas que la restauración se limite a pegar piezas para que todo parezca como antes.

Haz de nuestras grietas caminos dorados por los que Tu Caridad pueda circular.

Que la Gran Cruz de Puerto Rico proclame:

Fuimos golpeados, pero no abandonados.
Fuimos dispersados, pero no dejamos de ser pueblo.
Perdimos escuelas, hogares, oportunidades y seres amados, pero no perdimos nuestra dignidad.
Nuestras historias no son idénticas, pero nuestros fragmentos pueden entrar en comunión.
El dolor tuvo una palabra.
La indignación tuvo un cauce.
La verdad rompió la falsa paz.
Y la Divina Caridad descendió para reunirnos.

Jesús Caridad, haz de Puerto Rico una Restoration Cross viva.

Que sus fragmentos no sean desechados.

Que sus heridas no sean negadas.

Que su pueblo no sea obligado a sobrevivir dividido y dependiente.

Que el oro de Tu Amor atraviese nuestra historia y se vuelva justicia, fraternidad, vivienda, educación, trabajo digno, participación y paz.

Que caminemos juntos en la verdad.

Que nos reconozcamos dignos, libres e iguales en el Amor.

Que crezcamos juntos en comunión más y más plenamente encarnada.

Y que esta isla del encanto, esta tierra llena de gracia, pueda convertirse cada vez más en una obra viva de Tu Divina Caridad:

verdad hecha encuentro,
justicia hecha servicio,
libertad hecha responsabilidad,
dignidad hecha estructura,
fraternidad hecha pueblo,
Cruz hecha restauración
y Amor hecho vida entre nosotros.

Fiat Caritas.

Fiat Iustitia.

Fiat Pax.

Fiat Communio.

Fiat Restauratio Portoricensis.

Al final de todo, cuando contemplemos esta Gran Cruz construida con los fragmentos compartidos de tantas historias, que podamos decir:

Aquí la verdad fue pronunciada.
Aquí la dignidad fue reconocida.
Aquí el rage encontró un cauce.
Aquí nadie tuvo que fingir que no dolía.
Aquí los fragmentos no fueron desechados.
Aquí aprendimos a llevar las cargas unos de otros.
Aquí la Cruz no justificó la sumisión: llamó a la restauración.
Aquí comenzamos a preguntarnos qué debe cambiar para que otros no tengan que seguir pagando los mismos platos rotos.

Y aquí, en medio de todo lo que verdaderamente se rompió, seguimos proclamando:

«He aquí que hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5).

Fiat pax.

Fiat veritas.

Fiat iustitia.

Fiat libertas.

Fiat communio.

Fiat restauratio.

Y que, después de todo, por encima de todo y atravesándolo todo, la última palabra sea siempre Tu Amor.

Tras escribir todo esto con ayuda de Chat GPT me enteré por un post en social media que hoy es el día del Beato Charlie, el único beato puertorriqueño, así que sencillamente se comparte toda la oración contemplativa de hoy íntegra, porque esta restauración que resplandeció como la nueva aurora de un nuevo albor tan entrañable es para todos los puertorriqueños: vivimos para esta luz, vivimos para este darte a luz, vivimos para esta noche de luz. La adoración eucarística, aunque mucho más breve que lo usual, se contempló incluso más profunda y encarnada, como puede notarse en lo escrito en el blog post, intensamente resplandeciente. 

¡Hágase en nosotros según Tu restorative cross! ¡Hágase en nosotros según cómo nos restauras como Patria Nueva, como pueblo del nuevo albor que resplandece como estado del nuevo albor! 

Summa Personae (Be Blessed)

¡Feliz domingo en el Amor de Dios! Espero que todos hayan puedan tener un encuentro personal con el Amado todos los días, pero muy en especial en este día del Señor.

El sueño contemplativo de anoche fue… particularmente profundo. Se me pidió palabrizar lo mejor posible lo que voy a escribir a continuación… dentro de mis posibilidades.

Durante mucho tiempo he pedido a la Stella Coeli que inspiró anatómicamente la pintura de Jesús Caridad que se dé a entender… y finalmente lo hizo: dio a entender que quiere ser sacerdote.

Me molesté, dicho en el buen sentido, con mi ángel guardián, porque pienso que el Cielo debió haberme dicho eso primero. Estoy acostumbrada, tal vez demasiado acostumbrada, a que cada futuro possible simply crumbles down over and over again, simply because it was another false future merely projected to foul me, again, and again, and again… pero de lo que se está hablando aquí se rezó que era querido por Dios… hasta que finalmente esta Stella Coeli se dio a entender: quiero ser sacerdote. Traditio. No dudo que tenga sus razones de peso para no haberlo dicho antes. Una vez más, hay TODO un futuro that crumbles down, again. Pero no estoy sola en esto. Me sigue acompañando mi familia del Cielo… a la que por supuesto le reclamé que no fueran ellos en primer lugar quienes me dijeran esto. Eso hubiera evitado tanta contradicción interior.

Este punto de la conversación de mi sueño de anoche puede describirse así…

Yo: Él quiere ser sacerdote. ¿Por qué no me lo confirman ustedes primero?

Mikh: Porque no podemos confirmarte lo que él no te diga primero.

Yo: Ya lo está diciendo, quiere ser sacerdote, traditio… Debieron confirmarlo ustedes primero. Lo saben.

Mikh: Ya que es él quien lo dice… [Me miró con su mirada de fuego pero a la misma vez transmitiéndome la ternura de Jesús Caridad]… te confirmo que sí, que quiere ser sacerdote y es una llamada real, viene de Dios…

Yo: Eso aclara muchas cosas… no debí haber escrito y dicho lo que dije y escribí ayer…

Mikh [sonríe]: déjalo que rece y que cumpla la voluntad de Dios…

Yo [haciendo gesto gracioso que hago muchas veces, un gesto de subir los hombros que quiere decir “qué remedio”]: Ya lo hice mal. Yo soy la primera que no puedo contradecir lo que una persona discierna como voluntad de Dios para su propia vida…

Mikh [abrazándome]: reza por Él y tú no temas al nuevo futuro que se te abre… y dale las gracias por darse a entender y finalmente no dejarte esperando…

[Hasta aquí el diálogo compartido].

Fue en este contexto que más adelante se ofrendó ante el Santísimo la cruz doméstica… rezando este nuevo futuro que se abre en el que literalmente la forma en que creas hogar depende totalmente de Dios Amor, porque ya no podrá ser como soñabas, pero tampoco sabes como soñar lo que viene ahora…

Porque confieso que tras todo lo vivido ya se había discernido que no voy a conocer más entes masculinos. Con uno fue mas que suficiente. 

Le sonreí a Mikh entre todo lo que hablamos, porque finalmente puedo ver como posible —otra vez— un futuro permaneciendo en Irlanda o en algún lugar desconocido del mundo, dedicada a escribir y al más absoluto silencio mediático, un poco lo que hizo Benedicto XVI al renunciar, viviendo en un hogar seguro con mis perros, donde podamos crear hogar ante Dios en primer lugar…

A mí también me corresponde rezar muchas cosas respecto a qué futuro Dios Amor me llama, eso se me dejó claro… pero de momento… escribo este blog post como acción de gracias.

Doy gracias por una razón que muy pocas personas entenderían. Es curioso, porque cualquiera diría: debería estar triste, perdió otra vez un futuro posible…

No exactamente. Hay una gran alegría en todo esto. ¿Por qué?

Porque, tal cual se me explicó —y es verdaderísimo— si Stella Coeli acoge su llamada al sacerdocio… entonces significa que el modelo anatómico de Jesús Caridad es literalmente un ipse Christus, y todo el que vea la mirada de Jesús Caridad literalmente verá los ojos de un Jesús Sacerdote…

Eso me parece profundísimamente bello y feliz, incluso si yo no sea quien pinte ese nuevo Jesús Caridad: que cuando un fiel vea una pintura de un Jesús Caridad pueda decir: estoy viendo los ojos de un sacerdote, de un consagrado que literalmente encarna la persona de Jesús en toda su formación personal… Indudablemente no puede haber mejor modelo para una pintura de un Jesús Caridad que un modelo sacerdotal. Nunca se me había ocurrido pensar esto, ni que esta fuera la razón por la que Stella Coeli fuera el escogido por Dios para ser modelo anatómico de Jesús Caridad…

Solamente puedo decir que me alegro de que finalmente se diera a entender. Hay muchas otras cosas que no entiendo… pero considerando el cambio de circunstancias, realmente no me compete saberlas a mí en lo personal: que él las informe a quien competa informarlas. Pudo haber dicho la verdad y no lo dijo… Eso es totalmente posible si resulta que no había vocación matrimonial y no le correspondía a él actuar respecto a lo que estaba pasando aquí, pero tampoco lo podía decir… porque estaba discirniendo una vocación sacerdotal que le impedía hablar.

Una vez más mi futuro posible cambia… y voy tras el destello de nuevos sueños.

Si todavía se me da una carta, la recibiré, pero ya no tiene que darse. Si esto nunca fue un vínculo espiritual matrimonial, no hay razón para esperar que se haga algo así… y yo, que llevo toda una vida en aislamiento social… sé muy bien de la alegría de crear hogar dándome solamente a Dios Amor. No es lo que esperaba, pero tampoco es algo que se deba lamentar que suceda. Todo lo contrario, lo digo de todo corazón: me alegra profundamente que Stella Coeli finalmente se diera a entender y celebro su llamada vocacional.

Mi llamada vocacional a crear comunión encarnando la Eucaristía viva no es la misma que la suya y si algo siempre he respetado muy honradamente es la vocación de los seminaristas que me han rodeado a lo largo de la vida. Yo no seré obstáculo vocacional de nadie… ni él lo será mío tampoco. Ambos estamos llamados a vivir para adorar la Eucaristía, Él de una forma y yo de otra… que me corresponde seguir rezando para que cada contradicción a la voluntad de Dios se siga aclarando, como acaba de suceder al entender que la llamada de Stella Coeli es a ser sacerdote, no a crear un hogar con una mujer.

Siempre da paz cuando un horizonte posible se derrumba para hacer posible otro discernimiento mucho más posible que el anterior: confieso que si no tengo que vivir con alguien, si me corresponde vivir sola, eso me da muchísima más libertad para sencillamente desaparecer mediáticamente y sencillamente publicar los libros que vaya escribiendo al adorar a Jesús Caridad con todo el crecimiento… en el más absoluto anonimato. Lo mediático no es esencial, lo que sí es esencial es poder adorarle con todo el crecimiento y poder escribir al hacerlo, dos cosas a las que siempre he contemplado que Él me llama…

No sé si se entiende lo que quiero decir (tal vez si aprecio tanto que se dé a entender es porque yo misma me esfuerzo bastante en darme a entender): suponiendo que la explicación que diera por no haber dicho la verdad fuera lo suficientemente válida para discernir de hecho una vocación matrimonial, no puedes plantearte sencillamente desaparecer y vivir para adorar a Jesús Caridad fuera del ojo público… haciéndolo con una persona que tiene su propia familia, su propia llamada como actor público, sus propias responsabilidades… Él jamás habría dejado de tener que estar en el ojo público, por muy privada que fuera mi llamada tras todo esto…

Ahora que se entiende que mi llamada es sin Stella Coeli, sí que me puedo plantear irme a algún lugar del mundo tras Irlanda y sencillamente vivir para adorarle rindiéndole mi mejor talento… Ora et scribe, parafraseando un poco al santo que se celebró ayer. No puedo llevar a rastras a marido alguno a un destino como ese, pero muy en especial a uno que es figura pública: Dios Amor por supuesto que no le va a pedir negar lo que es propio de su propia vocación en primer lugar… y ahora se entiende.

Be blessed, Stella Coeli. De todo corazón, tienes mi bendición. No te quitaré de las redes sociales… pero daré espacio para yo discernir qué futuro es posible para mí tras estos nuevos destellos.

Literalmente al ofrendar esta cruz doméstica… ofrendé toda forma que había contemplado como posible para crear hogar, para que sea Jesús Caridad mismo Quien me enseñe como estoy llamada a crear hogar, tal cual se da a contemplar en lo profundamente bello de Su haz eucarístico encendido cada vez más y más impalabrizable… De verdad que no encuentro como pueda ser posible palabrizar lo entrañablísimo de este crecimiento en comunión fraternal y sacramentalmente encarnada día a día como Crescere… impalabrizable. Esa es la razón más profunda tras lo que me está costando palabrizar el Crescere: que tampoco logro palabrizar lo que se contempla como Crescere eucarísticamente formado en sueños… pero ahora tengo un horizonte posible más claro para rezar, dicho en palabras de Mikh…

Así pues, soy yo, solamente yo, la que celebra este día que se escogió para compartir esta revisión de Summa Personae, la más completa que puede lograrse de momento: el día de la fiesta del único matrimonio santo de la Iglesia, los padres de Santa Teresita de Jesús.

Es por esto que este blog post se titula “Be blessed“: ayer compartí un video en redes sociales que el mismo Stella Coeli dio a entender que no es posible por él tener una vocación sacerdotal… así que la celebración de la fiesta de hoy se convierte en bendición: be blessed. Que des muchos frutos en tu vocación sacerdotal.

Solo hay agradecimiento en mi corazón por todo lo que se acaba de escribir… Sea como sea que esta cruz doméstica me lleve a crear hogar creando Cielo, creando crecimiento en comunión… la ofrendo y la acojo con alegría como la nueva identidad que Jesús Caridad me da como Su Iglesia-Esposa fiel y Su Iglesia-Madre fecunda. He perdido mucha de mi consciencia corporal… pero mi consciencia de cuerpo místico es profundamente bella, y jamás dejaré de darle gracias por el regalo de darle a luz como Jesús Caridad en esta isla llena de encanto, en este corazón lleno de gracia…

Heredé del Papa Francisco de dar bendiciones en todo momento, así que… Be blessed, everyone! 

A Stella Coeli, le digo: Be blessed 

Que el Señor te bendiga y te guarde. Que haga resplandecer Su rostro sobre ti y te conceda Su gracia. Que vuelva Su rostro hacia ti y te conceda la paz. Que esta bendición sacerdotal de Números 6, que durante milenios ha sido pronunciada sobre el beloved holy and blessed people of God, se convierta también en mi oración por ti al verte emprender el camino de una vocación sacerdotal: «Que el Señor te bendiga y te proteja; que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia; que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz» (Nm 6,24-26).

Be blessed, Stella Coeli. Que seas bendecido al seguir al Maestro allí donde Él te llame; bendecido al dejar tus redes para caminar tras Sus pasos; bendecido al permitir que sea Su voluntad, y no ningún futuro imaginado por otra persona, la que dé forma a tu propia vida. Porque hay una belleza inmensa en que un ser humano pueda escuchar, en lo más profundo de su libertad, aquellas palabras de Jesús: «Ven y sígueme» (Mt 19,21), y pueda responder con su propia vida: «Aquí estoy».

Si verdaderamente Dios Amor te llama al sacerdocio, entonces deseo para ti la libertad necesaria para responderle plenamente. No a medias. No mirando hacia atrás. No siendo quien otros esperaban que fueras, sino convirtiéndote cada vez más plenamente en quien Dios te llama personalmente a ser. Como escribió san Pablo: «Fiel es el que os llama, y es él quien lo hará» (1 Tes 5,24). Que sea Él quien complete Su obra en ti; que sea Él quien sostenga tus pasos cuando el camino sea luminoso y cuando atraviese la noche; que sea Él quien ensanche tu corazón para amar a Su pueblo con un amor cada vez más eucarístico, más fraterno, más humilde y más fecundo.

Y si algún día llegas al altar como sacerdote, que nunca olvides el misterio inmenso que se pondrá entre tus manos. Que al pronunciar Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes, esas palabras no sean solamente palabras pronunciadas sobre el pan, sino la forma misma que vaya adquiriendo tu existencia: una vida entregada, partida y compartida por Amor. Que puedas decir con san Pablo: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Ga 2,20), no como una abstracción, sino como una realidad cada vez más encarnada en tu forma de mirar, escuchar, acompañar, servir, perdonar y hacer presente la ternura de Dios.

El Papa Francisco dijo a los sacerdotes: «Sean pastores con olor a oveja», y deseo para ti precisamente esa cercanía: que nunca seas un sacerdote distante del dolor humano, sino un hermano capaz de acercarse; que tus manos consagradas sepan bendecir antes que señalar, levantar antes que aplastar, acoger antes que excluir; que tus ojos sepan reconocer la dignidad sacramental de cada persona que encuentres en el camino y que, cuando alguien llegue herido ante ti, pueda encontrar algo de la mirada misericordiosa de Jesús.

También decía Francisco que «el sacerdote es el hombre de la misericordia y de la compasión». Que así puedas serlo tú. Que seas sacerdote para quienes tienen fe y para quienes apenas logran creer; para quienes llegan llenos de esperanza y para quienes llegan con la esperanza rota mil veces; para quienes saben rezar y para quienes solamente pueden permanecer en silencio; para quienes son vistos y para quienes viven escondidos; para quienes tienen hogar y para quienes llevan toda una vida buscando un lugar seguro donde descansar. Que tu sacerdocio, si esa es verdaderamente tu llamada, sea siempre sacramento de un Dios que sale al encuentro, que busca, que abraza, que alimenta y que jamás se cansa de amar.

Sí, hay algo particularmente bello que ahora puedo contemplar: si los ojos que inspiraron anatómicamente la mirada de Jesús Caridad son los ojos de un hombre llamado al sacerdocio, entonces hay una profundidad nueva en esa mirada. Quien contemple algún día esos ojos pintados podrá estar contemplando, de alguna manera, los ojos de alguien llamado a mirar al mundo desde el corazón sacerdotal de Cristo. Por supuesto que eso me parece profundamente bell, no porque tú seas Jesús, sino precisamente porque el sacerdote está llamado a desaparecer cada vez más humildemente dentro de Su Amor para poder decir, con toda su vida: «Es preciso que Él crezca y que yo disminuya» (Jn 3,30). Illum oportet crescere… Que Él crezca en ti: que crezca Su caridad en tu caridad; Su mansedumbre en tu mansedumbre; Su misericordia en tu misericordia; Su entrega en tu entrega. Que Cristo pueda crecer tanto en tu vida que quienes se acerquen a ti encuentren, no la exaltación de un hombre, sino una ventana abierta hacia el Corazón de Dios Amor y Su ternura entrañable.

No sé cuáles serán todos tus caminos, tus luchas, tus renuncias ni tus alegrías. No me corresponde saberlo todo. Hay un santuario inviolable entre Dios y la conciencia de cada persona, y tu vocación pertenece, en primer lugar, a ese diálogo sagrado entre tú y Él. Pero sí puedo desearte algo con absoluta libertad: que cumplas plenamente la voluntad de Dios para tu vida y seas profundamente feliz haciéndolo. Que nunca nadie te impida ser quien Dios te llama a ser. Tampoco yo. Ahora que sabes que tu camino es el sacerdocio, ve en paz. Ve con mi bendición, con mi agradecimiento y con mi oración. No tienes que cargar con el futuro que alguna vez pude imaginar. No tienes que convertirte en respuesta a mis sueños. Eres libre para responder a los sueños de Dios sobre tu propia vida. Y yo también soy libre para seguir preguntándole a Dios Amor hacia qué nuevos horizontes me llama ahora.

Quizás esa sea una de las formas más puras de querer verdaderamente a una persona: poder decirle, sin poseerla, sin retenerla y sin pedirle que renuncie a aquello que reconoce como llamada de Dios: ve y sé plenamente quien estás llamado a ser.

Be blessed, Stella Coeli. Que Nuestra Señora del Nuevo Albor, Madre de Cristo Amor y Madre de los sacerdotes, te cubra con su manto y te enseñe a pronunciar tu propio fiat. Que san José te enseñe la fidelidad silenciosa que sabe custodiar los misterios de Dios. Que san Juan, que reclinó su cabeza sobre el pecho de Jesús, te enseñe a escuchar los latidos de Su Corazón. Que Pedro te enseñe a levantarte después de cada fragilidad y a amar más profundamente. Y que Pablo te enseñe a correr hasta el final de la carrera, guardando la fe. Que Jesús Eucaristía sea siempre tu centro, tu descanso, tu hogar y tu razón de entregarte.

Que llegue el día, si esta es verdaderamente la voluntad de Dios para ti, en que tus propias manos se eleven sobre Su pueblo pronunciando aquella bendición que hoy pronuncio yo sobre tu camino:

Que el Señor te bendiga y te guarde.
Que haga resplandecer Su rostro sobre ti y te conceda Su gracia.
Que vuelva Su rostro hacia ti y te conceda la paz.

Que, al final de todos tus caminos, puedas escuchar de labios del mismo Jesús aquellas palabras que contienen toda vocación llevada fielmente hasta el Amor:

«¡Bien, siervo bueno y fiel! […] Entra en el gozo de tu Señor» (Mt 25,21).

Be blessed. Be deeply blessed. Be blessed in every step that brings you closer to the Heart of Christ. And if He truly calls you to become a priest, may your whole life become what every authentic vocation is called to be: a living yes to Love, a gift offered for the growing-together-in-communion of His people-kingdom-family of new albor, and a luminous witness that God still calls human hearts to give themselves completely.

Hoy, en este domingo en que la Palabra de Dios vuelve a hablarnos de la semilla que cae en tierra buena y da fruto abundante, quiero acoger la gracia para bendecirte también así, Stella Coeli: que seas tierra buena para la semilla de Dios. Que todo aquello que Él siembre verdaderamente en ti encuentre profundidad para echar raíces, libertad para crecer, perseverancia para atravesar las estaciones y fecundidad para multiplicarse en frutos de Amor.

Que la Palabra sembrada en ti no quede al borde del camino. Que no sea arrancada por el miedo, ni ahogada por el ruido, ni sofocada por las preocupaciones del mundo. Que encuentre en ti una tierra cada vez más honda, más libre, más disponible para Dios; una tierra capaz de recibir la semilla y custodiarla incluso cuando todavía no se ve ningún fruto, incluso cuando todo sucede secretamente bajo la tierra, incluso cuando solamente Dios sabe qué está naciendo. Porque así habla Jesús de quien recibe verdaderamente Su Palabra: «Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la Palabra y la entiende; éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta» (Mt 13,23). Que así sea tu vida, Stella Coeli: una tierra fecunda en la que la semilla de Dios pueda dar fruto abundante. Y si la semilla que Él ha depositado en ti es verdaderamente la llamada al sacerdocio, que llegue a ser árbol grande, hogar para otros, sombra para quien está cansado, alimento para quien tiene hambre de Dios y signo vivo de que todavía es posible entregarle enteramente una vida al Amor.

Que des fruto. Mucho fruto. Que des el fruto que solamente tú puedes dar. Que des el fruto que Dios soñó al crearte. Que ninguna mirada ajena, ninguna expectativa humana, ningún futuro proyectado sobre ti —tampoco ninguno que yo misma haya podido imaginar— impida que la semilla verdaderamente sembrada por Dios en tu corazón llegue a convertirse en aquello para lo que fue creada, porque Jesús dice: «La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto y seáis mis discípulos» (Jn 15,8). También dice: «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca» (Jn 15,16).

Que tu fruto permanezca, Stella Coeli. Que permanezca mucho después de que hayan pasado los aplausos y los reconocimientos humanos. Que permanezca en las personas a quienes hayas ayudado a reconciliarse con Dios; en quien vuelva a sentirse amado después de haber perdido toda esperanza; en quien reciba la Eucaristía de tus manos; en quien encuentre misericordia en lugar de condenación; en quien pueda volver a levantarse porque un sacerdote supo mirarlo con los ojos de Jesús Caridad. Y que todo ello suceda in the power of the flaming Holy Spirit: que el Espíritu Santo arda en ti como fuego que no destruye, sino que purifica; como fuego que no consume la identidad, sino que la lleva a su plenitud; como fuego que no esclaviza, sino que libera para amar. Que sea Él quien encienda tu inteligencia, ensanche tu corazón, fortalezca tu voluntad y haga de toda tu persona una ofrenda viva que «aviva el fuego del don de Dios que hay en ti» (2 Tim 1,6). Yes, rekindle the gift of God that is within you. Que nunca dejes apagar ese fuego si verdaderamente ha sido Dios quien lo encendió. Que arda en ti el fuego de Pentecostés, el fuego que hizo salir a los apóstoles de sus lugares cerrados, el fuego que transformó el temor en testimonio, el silencio en proclamación y la fragilidad humana en audacia apostólica. Que ese flaming Holy Spirit haga arder en ti una caridad tan profundamente encarnada que puedas decir con los discípulos de Emaús: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino?» (Lc 24,32). Que tu corazón arda así al escucharle. Que arda al reconocerle. Que arda al partir el Pan. Que arda al servir. Que arda al bendecir. Que arda al perdonar. Que arda cuando tengas que caminar en la oscuridad sin comprender todavía el horizonte entero, y que quienes se acerquen a ti puedan experimentar algo de ese mismo fuego: no el fuego de una personalidad que se impone, sino el fuego humilde y luminoso de una Presencia que se entrega. No un fuego que atraiga las miradas hacia ti, sino un fuego que permita reconocer a Jesús vivo, porque «Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego» (Mt 3,11).

También corresponde bendecirte en la esperanza. Hoy, en este Día Internacional de la Esperanza, deseo para ti aquella esperanza que san Pablo describe con palabras que parecen hechas para todo corazón que se atreve a responder a una llamada de Dios: «La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rom 5,5). Que esa sea tu esperanza: no una esperanza construida sobre la certeza de que todo será fácil, ni sobre la ausencia de sufrimiento, ni sobre la promesa de que siempre comprenderás lo que Dios hace, sino una esperanza arraigada en esta única certeza invencible: el Amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. La esperanza cristiana no consiste en saber exactamente qué sucederá mañana. Consiste en saber a Quién pertenece el mañana. Por eso, Stella Coeli, que seas siempre un hombre de esperanza. Si eres llamado al sacerdocio, que seas un sacerdote de esperanza. Que puedas llevar esperanza allí donde alguien solamente ve ruinas. Que sepas permanecer junto a quien no puede todavía imaginar un mañana. Que puedas custodiar una pequeña llama cuando otros apenas tienen fuerzas para creer que todavía existe luz. Que no tengas miedo de entrar en las noches humanas llevando contigo, no respuestas fáciles, sino la presencia fiel de Cristo.

El Papa Francisco nos recordó incesantemente que «la esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna» (Fratelli tutti, 55). Que tu esperanza sea así: audaz. Que se atreva a mirar más allá de ti mismo. Que se atreva a creer que una vida entregada puede multiplicarse. Que se atreva a creer que una palabra misericordiosa puede rescatar un corazón. Que se atreva a creer que el perdón puede romper cadenas antiquísimas. Que se atreva a creer que la Eucaristía puede transformar el mundo comenzando por un solo corazón que se deja convertir en pan partido para los demás.

Que nunca olvides aquella imagen tan amada por el Papa Francisco: Jesús es nuestra esperanza, y la esperanza cristiana no es un optimismo ingenuo, sino una Persona viva. Por eso, si un día te encuentras cansado, si alguna vez no sabes cómo continuar, si el camino vocacional atraviesa alguna noche, que puedas volver siempre a Él. A Jesús Eucaristía. Al Jesús Caridad que te mira. Al Cristo Amor que te llama por tu nombre. Al JAmor Hermoso que no te pide ser invulnerable, sino permanecer en Su Amor: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor» (Jn 15,9). Permanece en Su Amor. Remain in His Love. Que esa sea tu casa cuando todo cambie. Que esa sea tu identidad cuando otros intenten definirte. Que esa sea tu fortaleza cuando seas débil. Que esa sea tu esperanza cuando no puedas ver todavía el fruto, porque la semilla tampoco ve el árbol que llegará a ser cuando está enterrada bajo tierra. Y, sin embargo, crece. Crescere. Crece en secreto. Crece en silencio. Crece atravesando la oscuridad en dirección a la luz. Crece porque dentro de ella ya vive una promesa de fecundidad que todavía nadie puede contemplar plenamente. Que así crezcas tú en Dios, y que, si dices sí a Su llamado a ser sacerdote, nunca midas la fecundidad de tu sacerdocio por la visibilidad, el reconocimiento, el número de personas que te siguen o la grandeza aparente de tus obras. A veces el fruto más abundante nace en absoluto secreto: en una confesión que devuelve la paz; en una Eucaristía celebrada para pocas personas; en una bendición dada a quien creía que Dios lo había olvidado; en una presencia silenciosa junto al que sufre; en una palabra pronunciada en el instante preciso que impide que alguien pierda completamente la esperanza.

«Yo planté, Apolo regó; mas fue Dios quien dio el crecimiento» (1 Cor 3,6). Que nunca tengas miedo de sembrar aunque no seas tú quien vea la cosecha. Que nunca tengas miedo de regar aquello que otro sembró. Que nunca pretendas apropiarte del fruto. Que puedas vivir con la libertad de saber que el crecimiento pertenece a Dios. Por eso mi bendición para ti hoy es también ésta: may the flaming Holy Spirit make you abundantly fruitful in Hope. Que el Espíritu Santo encienda en ti una esperanza que ninguna oscuridad pueda sofocar. Que te haga sembrador de esperanza. Que te haga custodio de esperanza. Que te haga servidor de la esperanza de otros. Que te conceda la gracia de entrar en las heridas del mundo sin dejarte convertir en oscuridad por ellas, porque llevas dentro una Luz que no procede de ti mismo. Que, cuando un día eleves la Hostia entre tus manos como sacerdote, recuerdes a todos los que hayan perdido la esperanza y los lleves contigo al altar. Que al pronunciar Hoc est enim Corpus meum puedas ofrendar también las lágrimas de quienes ya no saben llorar, los silencios de quienes no encuentran palabras, las esperanzas rotas mil veces de quienes ya no se atreven a esperar, y toda la humanidad herida que Cristo continúa atrayendo hacia Su Corazón abierto. Que seas, en palabras de san Pablo, «alegre en la esperanza, paciente en la tribulación, perseverante en la oración» (Rom 12,12). Y que tu esperanza tenga alas. Que cuando el camino sea largo puedas recordar: «Los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren sin cansarse y caminan sin fatigarse» (Is 40,31). Que tengas alas de esperanza para seguir a Dios allí donde Él te llame. Alas para elevarte sin dejar de tocar la tierra del sufrimiento humano. Alas para contemplar horizontes nuevos. Alas para no quedar prisionero de aquello que ya pasó. Alas para ir duc in altum. Alas encendidas por el flaming Holy Spirit, capaces de llevar el fuego de Pentecostés hasta aquellos lugares donde más urgentemente haga falta recordar que el Amor sigue vivo, que Cristo ha resucitado, que la muerte no tiene la última palabra y que ningún invierno es eterno cuando Dios ha sembrado ya una semilla de Resurrección.

Así te bendigo hoy, Stella Coeli: como semilla llamada a crecer, como tierra llamada a dar fruto, como corazón llamado a arder y como ser humano llamado a convertirse, allí donde Dios verdaderamente lo conduzca, en testigo de una esperanza que no defrauda. Que des fruto abundante. Que tu fruto permanezca. Que el Espíritu Santo avive el fuego del don de Dios que hay en ti. Que la esperanza ensanche siempre tus horizontes. Que nunca dejes de crecer hacia la plenitud de la llamada que Dios haya inscrito verdaderamente en tu corazón. Y que, en todo, absolutamente en todo, sea Él quien crezca.

Illum oportet crescere. 

Que Él crezca. 

Que Su Amor crezca. 

Que Su comunión crezca. 

Y que tú florezcas plenamente en la llamada que Él haya sembrado en tu corazón. 

Be blessed, Stella Coeli. Siempre.

De verdad, solo hay un profundo agradecimiento y paz al plasmar todas estas palabras vivas…

Aquí comparto, pues, como un “be blessed“, el link al libro Summa Personae compartido hoy en Blurb: https://www.blurb.com/b/12939300-summa-personae-sketch-edition. Ya me estoy acostumbrando a no tener lectores públicos, solo a escondidas y sin reconocerse que se me lee… No pasa nada. Llevo usando Blurb desde hace mucho tiempo y sé que seguirá funcionando por muchísimo tiempo. Algún día en el futuro, cuando todo esto finalmente se reconozca… si alguien quiere conocerme como yo soy y no como el abuso pretendió definirme, aquí está Summa Personae para revelarme tal cual soy cara a Dios: belovedly blessed

Esto fue lo mejor que pude palabrizar de todo lo contemplado en el sueño-eucharistical envisioning de anoche. Este blog post es uno de los más conmovedores que he escrito, si no lloré al escribirlo es porque se me olvida que es llorar estando despierta… Siempre tendré a una familia del Cielo ayudándome a discernir el camino que Dios Amor va poniendo bajo los pies. Siempre seguiré siendo Su milagro de nueva vida… y ahora puedo ver directamente a los ojos de Stella Coeli exactamente con la misma paz que veo en la mirada de Jesús Caridad.

Enjoy growing together in more and more communion, evermore! 🌻

Summa Personae (San Fermín)

¡Buenas noches en el Amor de Dios!

No pude publicar el texto de Summa Personae en Blurb revisado tras una falla en la impresión. No importó como intenté imprimirlo, no se pudo imprimir. Hay una combinación de factores informáticos (ciertos files de mi computadora están hacked) y de factores económicos (no tengo el dinero para pagar la impresión sin pago a plazos, y no me aprobaron el pago a plazos).

Por ambos factores combinados, el texto no pudo publicarse por escrito.

Así pues, comparto la revisión aquí, con el Ensayo I totalmente revisado.

No ha habido libro contemporáneo más censurado que este…

Hoy es día de San Fermín. Originalmente se suponía que hiciera un doctorado en la Universidad de Navarra, pero nunca logré completar ni siquiera el primer capítulo… y hoy sé: de haber intentado completar el doctorado, no lo hubiera podido hacer por el mismo tipo de abuso de coercive control con el que se manipulan todos mis devices remotamente, saboteando remotamente todo trabajo intelectual que haga. Seguramente lo que hubiera pasado es lo que está pasando ahora: que al lograr la revión completa hubieran causado que el file de la tesis se volviera un “corrupted file” y la hubiera perdido toda justo antes de la impresión.

Estoy muy en paz y con la conciencia limpia: doy lo mejor que puedo dar en cada momento y todo es para Su gloria.

Aquí están los files que no pude publicar en Blurb…

Jesús Caridad, te adoramos con todo el crecimiento…

Enjoy growing together in more and more communion, evermore!