¡Muy feliz Día Internacional de la Familia!
Ya he comenzado a releer Summa Personae. No voy a tener la relectura completa para Pentecostés… pero ya he comenzado la revisión de la Introducción.
Al publicar Summa Personae en Blurb, como lo hice, se tiene la limitación de que no se puede pasar de 479 páginas. O sea: esta introducción editada, aunque solo haya cambiado añadiendo una sola página extra, ya no cabe en el libro de Blurb, porque sería la página 480. Además de eso, en este blog el espacio de storage ya está lleno, así que tampoco puedo adjuntar el Word o PDF con el texto.
Así pues, sencillamente adjunto aquí un copy paste de cómo voy en la revisión de la Introducción de Summa Personae en este fin de semana del Día Internacional de la Familia, al comienzo de la novena de Pentecostés.
¡Jesús Caridad, te adoramos más y más con todo el crecimiento, en espíritu y verdad, en humildad y con más y más frutos de conversión que son frutos del Espíritu!
Enjoy growing together in more and more communion, ever more!
Aquí va el texto revisado:
Introducción: El espíritu de una persona viva
¿Cómo concibo mi ser persona? ¿Cómo yo como ser humano defino el modelo de mi crecimiento como ser que es persona viva? ¿Cómo defino el crecimiento que aspiro y sueño lograr como persona viva? Estas parecen preguntas sencillas, pero son preguntas de una profundidad inmensa que tarde o temprano nos toca encarar con humildad y toda la claridad posible. Yo comencé a preguntármelas tras pintar una pintura de un Jesús Caridad y comenzar a emprender una teología de la luz para plasmarla teológicamente… y entonces me topé con todo un proyecto creativo filosófico: si quería fundamentar una teología de la luz (la que se explica en el último ensayo de este libro) que explicara y fundamentara cómo toda la formación personal ha de ser plasmada como un ícono vivo de la Divina Caridad… necesitaba primero un modelo de formación personal que abarcara a toda la persona en cuanto llamada a crecer en comunión, tal cual hemos sido creados a imagen y semejanza de la Trinidad. Fue así que comenzó lo que en este libro —Summa Personae— se propone como “integracción”: un modelo de formación personal integractivo que ayuda a ser, ayuda a hacer, ayuda a crecer, ayuda a irradiar y ayuda a florecer creciendo juntos en comunión, abarcando como fundamento formativo todas las dimensiones de la naturaleza de la formación personal humana: la orgánico-biológica, la ontológica-racional y la filial-social. Ese esfuerzo en abarcar toda las dimensiones de la naturaleza de la formación personal humana es lo que más distingue a la integracción como modelo formativo de las teorias que ya se han articulado hasta hoy para definir el ser persona, pero abarcando solo segmentos de la formación personal, como sucede al definir el ser persona desde la teoría de la evolución de Darwin, definiendo lo que somos como ser humano y el cómo crecemos definiéndonos primordialmente como especie cuya evolución personal es determinada por azar genético.
De hecho, desde El origen de las especies, la evolución humana tiende ser interpretada no tanto como crecimiento pleno sino como adaptación constante de una especie que evoluciona al azar y en la que sobrevive el más fuerte. Desde ese marco teórico —que hasta este momento ha sido entendido como el marco más sólido para entender al ser humano científicamente— el ser humano, científicamente, es un organismo vivo que crece sin una esencia que lo defina, sin identidad que lo sostenga, sin creatividad que lo realice, sin fraternidad que lo vincule, sin apertura trascendental que lo eleve, sin Amor que lo plenifique, ordenado a la supervivencia del más influyente… Que quede claro: la teoría de la evolución es una de las ideas más magistrales jamás concebida por la humanidad, le debemos muchísimo a Darwin, y dentro de la dimensión biológica de la persona la teoría de la evolución y la genética sí que son determinantes… pero como especie humana no solo somos un organismo biológico: visto desde la integracción, como especie humana somos un ser personal que crece en comunión (no como competencia en el que ha de sobrevivir solo el más fuerte) y también somos una filiación social necesariamente llamada a crecer juntos en comunión… Por lo tanto, la teoría de la evolución queda incompleta a la hora de afirmar cómo concebir una especie que es ser personal filial, o dicho de otra forma: una especie que crece como sujeto agente. Desde la integracción que se propone en esta Summa Personae, el envisoning evolutivo resulta radicalmente insuficiente para concebir a la persona como sujeto agente capaz de ordenarse a su crecimiento más pleno posible, creciendo juntos en comunión. Hablar de On the Growth of the Human Person es más que hablar solo de On the Origin of the Human Specie, pues el crecimiento humanono es ni está llamado a ser mera supervivencia: es crecimiento en comunión llamada a ser cada vez más y más plena. No somos solo un organismo que existe, sino un misterio que se revela y acoge con apertura incondicional a la nueva vida que resplandece en más y más crecimiento en comunión. No solo somos un individuo que meramente reacciona, sino una persona que irradia una luz única e irrepetible que nadie más podrá irradiar.
Así pues, la integracción que se propone en Summa Personae como modelo integractivo de formación personal humana y eclesial aspira a afirmar el crecimiento de la persona humana como el espíritu de una persona viva. Se le llama “modelo de la formación personal” y no “teoría de la formación personal” porque no pretende reducir la persona a una explicación abstracta o hipotética —como ocurre en una teoría que describe procesos desde fuera, solamente observables desde fuera, tal cual sucede con la teoría de la evolución—, sino que pretende ofrecer una arquitectura viva que pueda ser contemplada, comprendida y encarnada desde dentro por el propio sujeto agente en formación, no solo observable desde fuera. Este modelo integractivo de la formación personal no es solo interpretación del fenómeno humano, sino configuración dinámica de sus procesos formativos como crecimiento en espiritualidad viva, en comunión viva, conforme a su dignidad fraterna inherente… Desde la perspectiva de la integracción somos mucho más que un espécimen: somos el espíritu de una persona viva llamada a crecer en una comunión que solo puede encarnarse en familia en primer lugar, donde se nos reconoce en primer lugar como un espíritu irrepetible, único, llamado a irradiar en la historia una luz que nadie más puede gestar.
El autor de más relevancia en esta Summa Personae lo es Romano Guardini: a lo largo de toda la lectura las referencias a él son las más constantes. Su concepción de espíritu es muy ilustrativa: Guardini, al reflexionar sobre el espíritu, lo presenta no como una simple facultad abstracta, sino como el centro vivo de la persona, aquello que hace posible la interioridad, la libertad, la verdad y la responsabilidad. El espíritu no es algo añadido al ser humano: es aquello por lo cual el ser humano es verdaderamente persona. Es el lugar donde se reconoce la verdad, donde se acoge el bien, donde se decide el sentido de la existencia. Este espíritu no es estático: está llamado a crecer, y ese crecimiento está íntimamente vinculado al poder. Guardini advierte que el poder no es simplemente dominio técnico o control externo; es la capacidad real de actuar sobre el mundo, sobre los otros y sobre uno mismo. En la modernidad, este poder ha crecido de manera desproporcionada respecto a la madurez del espíritu humano, generando una crisis: el ser humano puede hacer mucho más de lo que sabe orientar responsablemente. Por eso, el problema central de nuestro tiempo no es la falta de poder, sino la falta de formación del espíritu que debe ejercerlo. Dicho de otro modo: hay un problema de exceso de exterioridad y falta de interioridad. De aquí se desprende una afirmación decisiva: no solo tenemos el deber, sino también el llamado y la responsabilidad de crecer interiormente como el espíritu de persona cada vez más y más viva. Solo un espíritu más plenamente vivo puede ejercer el poder de manera verdaderamente más humana, es decir, en orden al bien, a la verdad y a la comunión más plenas. Solo así puede hacerse posible que la humanidad continúe su crecimiento como civilización, una nueva civilización del Amor que no se sostiene únicamente por avances técnicos externos o estructuras sociales externas, o por el calibre de sus armas, sino por el calibre espiritual interior de las personas que la conforman. Como señala Guardini, la calidad de una cultura depende de la decisión del espíritu de quienes la conforman. Una nueva civilización del Amor ha de formarse eligiendo crecer juntos desde dentro, creciendo como espíritu vivo que crece en comunión más y más plenamente encarnada, o no será.
Por eso, yes, we can grow best! Sí, podemos crecer más plenamente, si reconocemos que tenemos el poder de elegir crecer, de elegir la plenitud, de elegir caminar juntos, no como algo externo en primer lugar, sino en primer lugar desde la plenificación de toda nuestra naturaleza personal desde dentro, creciendo como espíritu más y más vivo, como goeiz más y más vivo. El poder humano, cuando es asumido desde un espíritu vivo y responsable, se convierte en posibilidad de crecimiento en comunión. Entonces deja de ser dominio para convertirse en servicio, deja de ser imposición para convertirse en construcción compartida. Así se hace posible una nueva civilización del Amor donde todos puedan crecer dignamente, a imagen y semejanza de la dignidad que nos ha sido dada: una dignidad que no es conquistada, sino recibida; no es competitiva, sino fraterna; no es excluyente, sino expansiva.
Guardini también afirma que una era está terminando y otra está comenzando. El mundo moderno, con su confianza en el progreso automático y en la autosuficiencia humana, ha llegado a su límite. Lo que se abre ante nosotros no es simplemente una nueva etapa histórica, sino una exigencia más profunda: una nueva comprensión de lo que significa ser persona. Esta transición exige una profundización radical del ser humano, una recuperación del espíritu como centro de decisión, de responsabilidad y de comunión. Esta Summa Personae se sitúa precisamente en ese umbral: es una propuesta de profundización en la comprensión de la persona humana, no como objeto de análisis fragmentado, sino como comunión viva en crecimiento más y más pleno. Desde aquí puede afirmarse con plena verdad: All Lives Matter, All Are Beloved! Todas las vidas importan porque todas comparten una misma dignidad fraterna, inherente, inviolable. Pero esta afirmación no es meramente declarativa: implica una responsabilidad fraterna concreta de hacer posible el crecimiento pleno de todos como hermanos y hermanas iguales, dignos, libres, amados, felices, y —para quienes vivimos en la fe— llamados también a la santidad. En ese sentido, puede decirse que como compilación de propuestas creativas y contemplativas, esta Summa Personae está colmada de fraternidad responsable.
Para comprender adecuadamente el horizonte de esta obra, es necesario situarla en un entramado de pensamiento que ilumina su sentido originario. Tal cual ya se señaló, Romano Guardini constituye una referencia fundamental, especialmente en su obra The End of the Modern World, donde plantea la necesidad de una renovación del espíritu humano ante el crecimiento del poder. Junto a él, las reflexiones de Karol Wojtyła sobre la persona y la acción, así como la teología de Joseph Ratzinger sobre la verdad, la libertad y la comunión, ofrecen claves decisivas para comprender la profundidad de esta propuesta. En continuidad con la tradición cristiana, Santo Tomás de Aquino permanece como referencia estructural para una comprensión integral del ser, mientras que, en el contexto americano, figuras como Martin Luther King Jr. y Charles Sanders Peirce aportan perspectivas esenciales sobre la dignidad, la comunidad y la verdad en acción.
Hay una noción que atraviesa y sostiene todo lo que se propone en esta obra: el crecimiento del espíritu de la persona humana como crecimiento en comunión más y más plena. Esta noción puede contemplarse más propiamente como comunión responsable, expresión cuya comprensión cabal requiere una profundización teológica que permita contemplar su densidad originaria y su alcance formativo. Es desde este horizonte cristiano centrado en la persona que se abre la reflexión que sigue, y que podrá entenderse mejor al profundizar posteriormente el modelo integractivo de la formación personal eclesial en el último ensayo de este libro.
La expresión comunión responsable surge como desarrollo de una intuición presente en True and False Reform in the Church de Yves Congar, donde aparece el concepto de corresponsabilidad. Congar responde a una Iglesia vivida de forma excesivamente clerical, en la que la responsabilidad parecía concentrarse en la jerarquía, y propone recuperar la verdad de la Iglesia como comunión de todos los bautizados. Para Congar, la Iglesia es una comunión (koinonía) en la que todos los bautizados comparten responsabilidad por su vida y misión (que puede verse como misión sacramental y misión fraterna al unísono). Así, “corresponsabilidad” significa no que todos hagan lo mismo, sino que todos son verdaderamente responsables, cada uno según su vocación. En este contexto, la corresponsabilidad no significa igualdad de funciones, sino participación real de todos en la vida y misión eclesial según la propia vocación. La idea de Congar no es administrativa, sino ontológica y sacramental. Brota del Bautismo como incorporación al Cuerpo de Cristo y de la Eucaristía como comunión viva y continua en Cristo. Por eso, la responsabilidad eclesial no es solo “reparto de tareas”, sino pertenencia compartida que genera responsabilidad compartida.
Esa noción de Congar de “corresponsabilidad” puede desarrollarse como “responsabilidad de comunión”, como comunión responsable: la responsabilidad de ayudar a crecer juntos en comunión. Sí, esto puede entenderse como un desarrollo de la idea de Congar, no como una desviación, siempre y cuando se formule correctamente. El énfasis original de la corresponsabilidad de Congar es responsabilidad compartida por la vida y misión de la Iglesia. Esta servidora mueve la corresponsabilidad de Congar al nivel antropológico-sacramental más profundo vía comunión responsable: responsabilidad por el crecimiento en comunión (con Dios, en uno mismo y entre nosotros). Esto está en fuerte sintonía con Lumen Gentium (la Iglesia como comunión) y Christifideles Laici (la corresponsabilidad de los laicos).
En Congar la corresponsabilidad aparece sobre todo en un plano eclesiológico y estructural: quién participa, cómo participa y desde qué lugar participa en el Cuerpo de Cristo. Como puede verse, a partir de ahí, se abre la posibilidad de un desarrollo más profundo: si la Iglesia es comunión, entonces la responsabilidad no es solo por la misión, sino por la comunión misma. Es en este paso donde nace el término comunión responsable, no como sustitución de la corresponsabilidad, sino como su forma vivida y plenificada, es decir, como la manera concreta en que esa participación se traduce en crecimiento real en el Amor. La comunión responsable es el saberme responsable de ayudar a crecer en comunión más y más plena con Dios, con uno mismo (ser y acto en comunión) y con los hermanos, de tal forma que todos podamos convertirnos juntos en el sacramento vivo del Amor de Dios que somos llamados a ser en Él, por Él, con Él y para Él. La comunión responsable es la forma plena de la vida en gracia por la cual la persona cristiana, llamada a ser sacramento vivo del Amor de Dios, se hace responsable de los tres realizacionesinseparables de toda comunión encarnada personalmente: la comunión con Dios, la comunión con los hermanos y la comunión interior del propio ser y actuar. Así, todo el crecimiento ha de llegar a hacer visible en comunión encarnada un ícono vivo del Divino Amor que el Espíritu plasma en ella como misión personal que le forma como un sacramento vivo de Dios Amor-con-nosotros.De esta forma la única misión de la Iglesia (ser sacramento vivo del Divino Amor, hacer visible el Amor de Dios en medio del mundo) se encarna en múltiples misiones personales irrepetibles que hacen visible el Amor de Dios abajado de una forma única en cada cual. La comunión responsable, fundada en la corresponsabilidad, es la vida en la que cada miembro del Cuerpo de Cristo, dócil al Espíritu, responde a su misión personal en cada presente, dejando que el Amor de Dios se haga visible sacramentalmente en su propia formación personal, y colaborando a que ese mismo Amor crezca en los demás según la gracia y el estado de cada uno. Cada persona está llamada a hacer visible lo invisible al servir a los hermanos a los que es llamada a ayudar a crecer en comunión: a ser ícono vivo del Amor de Dios plasmado por el Espíritu en su historia concreta formada progresivamente como sacramento vivo de Dios Amor que hace más y más visible Su Divina Caridad. Es decir: esta misión no es solo misión personal: también es misión sacramental y fraterna, según lo carismas que cada cual reciba del Espíritu para consumar Su vocación esponsal con el Divino Esposo.
Ahora que se puede ver que la comunión no es solo un hecho eclesial, sino un estado de vida en gracia que genera responsabilidad mutua de santificación, la comunión responsable puede entenderse como la plenificación sacramental de la corresponsabilidad: no solo somos llamados a participar en la Iglesia, sino que hemos de vivir, amar y servir de tal modo que la comunión crezca en todas sus realizaciones personales posibles. La comunión responsable es la forma vivida de la vida en gracia dentro de la Iglesia, por la cual cada fiel, desde su estado de gracia y según su gracia de estado, participa activamente en el crecimiento de todos en la comunión con Dios y en la comunión de los santos. Este desarrollo recoge la intuición de Congar y la lleva a un nivel formativo y existencial, donde cada persona, desde su vida en gracia y su vocación concreta, se reconoce responsable no solo de hacer algo en la Iglesia, sino de ser y hacer crecer la comunión sacramental misma como signo vivo del Amor de Dios, reconociendo, custodiando y ayudando a crecer en comunión esa forma única con que el Amor de Dios se está encarnando en cada cual como ícono vivo del Divino Amor-con-nosotros que se hace misión sacramental: ¿cómo voy a hacer visible el Amor de Dios en este presente, como soy llamado a vivir la caridad hoy cara al Cielo?
Así pues, la comunión responsable es la forma plena en la que se vive la corresponsabilidad eclesial: no se trata solo de participar en la misión de la Iglesia, sino de hacer crecer la comunión sacramental y fraterna en todas sus realizaciones posibles, como comunión de una misma luz en diversidad de expresiones personales. La comunión responsable es la responsabilidad propia de quienes viven en gracia: hacer crecer la comunión según la gracia recibida y el estado al que han sido llamados. Parte del hecho de que la persona, en gracia, está llamada a ser sacramento vivo del Amor de Dios, es decir, signo visible de un Amor recibido. Por eso, el crecimiento en comunión sacramental y fraterna más y más plenamente encarnada no es opcional ni secundario: es la condición misma para que la vida humana y cristiana exprese su verdad más profunda. Ser sacramento vivo del Amor de Dios exige comunión responsable con Dios, con los demás y en uno mismo. Primero, la comunión con Dios: de Él se recibe el ser, la identidad y la gracia que hacen posible toda vida en el Amor. Segundo, la comunión en uno mismo, entendida como la unidad entre el ser y el obrar, donde la persona está llamada a una integración interior que evite la división y permita que su vida sea coherente. Tercero, la comunión con los demás, donde el Amor recibido se expande en fraternidad eclesial, edificando el Cuerpo de Cristo según la gracia de estado de cada uno. Todas son, tal cual se aludió antes, una realización consumada de nuestra comunión encarnada con más y más fidelidad creativa a la alianza esponsal de Jesús Caridad: nos dejamos crear como Él nos ha creado para ser y convertirnos en Él, por Él, para Él y con Él. La comunión con Dios Amor, con los hermanos y en uno mismo no son compartimentos separados, sino la realización de un único crecimiento en comunión fiel que se ordena realizándose multidireccionalmente: hacia la Trinidad (identidad eclesial, dirección vertical infinita en la que Dios Amor nos da la identidad), en la propia formación personal (creatividad eclesial, dirección horizontal infinita que nos plenifica a nuestra máxima expresión) y hacia el prójimo (fraternalidad eclesial, dirección circular de crecimiento en comunión infinita). Entonces, la comunión responsable se convierte en la direccionalidad de la realización sacramental eclesial: la persona-sacramento se realiza no aislándose, sino creciendo irradiativamente en estas tres direcciones simultáneamente, como proceso formativo actualizado continuamente en cada presente en el cual crecemos juntos en comunión encarnada sacramental y fraternalmente con Dios Amor, con los demás y en el propio corazón que palpita en más y más fidelidad creativa a Su Corazón.
En este marco, la creatividad eclesial solo alcanza su verdad más plena como obediencia creativa, buscando ser más y más fieles a Su alianza de la caridad esponsal, siendo más y más fieles a Su Presencia Real que palpita en el corazón que se hace sacramentalmente uno con Él, dejándonos convertir en el sacramento vivo del Divino Amor que hemos sido creados para ser y convertirnos para Su gloria, colmados de nueva vida en el Amor. Esto significa que la persona —la formación personal humana y eclesial en unidad— no se inventa a sí misma, sino que plasma libremente el don recibido del Ser Creador de Dios Amor, dejando que el Espíritu plasme en ella una forma única del Amor, un ícono único del Divino Amor vivo y encarnado. La obediencia no anula la creatividad, sino que la plenifica más aún y la orienta asegurando que el crecimiento sea fiel a la verdad y gracia del ser recibido. Así, la comunión responsable implica una responsabilidad triple: vivir en gracia ante Dios creciendo en Su comunión, custodiar la comunión de la propia vida, y contribuir activamente al crecimiento de los demás en la comunión. Cada persona, desde su vocación concreta, participa en este dinamismo eclesial sacramental, ayudando a que el Amor de Dios tome forma tanto en sí misma como en los otros.
En síntesis, la comunión responsable es el principio dinámico que integra ser, acto en cuanto realización de un mismo crecimiento pleno en el Amor. Todo lo que hace crecer la comunión —con Dios, en uno mismo y entre las personas— participa de la verdad del Amor; y todo lo que la fractura se aparta de esa verdad. Vivir así es realizarse como persona y como Iglesia: ser sacramento vivo del Amor que se recibe, se encarna y se comparte en comunión, convirtiéndonos progresivamente en el ícono vivo del Divino Amor-con-nosotros que somos llamados a ser y convertirnos según la misión personal sacramental dada a cada cual para hacer visible el Amor de Dios en este presente, en este aquí, en este ahora, en este don, irradiando Su crecimiento pleno como estrellas del Cielo que resplandecen en medio del mundo. Dentro de la misión eclesial de hacer visible el Amor de Dios vivo y encarnado, hay una profunda unidad en la diversidad de misiones personales… y a todos nos corresponde facilitar que cada misión sacramental de cada cual sea realizable como corresponde, pues nos realizamos juntos como un solo cuerpo místico vivo fiel a Su alianza esponsal de la caridad.
Al leerse cada ensayo de esta Summa Personae se hará patente que lo que expone cada uno hace realizable con formas concretas la misión de cada cual de hacer visible el Amor de Dios como presente que es don y hoy: lo propuesto en cada ensayo hace posible con formas concretas que todos puedan convertirse en el sacramento vivo del Amor de Dios que todos somos llamados a ser encarnando Su historia de la salvación en este aquí y en este ahora como historia viva de Amor, siendo don del Espíritu. No solo nos referimos a los ensayos con énfasis teológico, que son los últimos dos: todos los ensayos, desde el primero hasta el séptimo, hacen posible que todos puedan ser formados como un sacramento vivo del Divino Amor, como hermanos que crecen juntos en comunión más y más plenamente encarnada.
El primer ensayo, La Integracción, hace posible que todos podamos ser plasmados como sacramento vivo del Divino Amor al exponer la integracción como modelo de formación personal integractivo que hace posible que nuestra formación personal sea plasmada como el espíritu de una persona viva. Todo lo que se propone tras el primer ensayo aplica la integracción de alguna forma u otra, porque toda afirmación posible de la formación personal humana necesariamente ha de comenzar como el espíritu de una persona viva.
El segundo ensayo, Yes, We Can Grow Best!, hace posible que toda nuestra formación personal pueda ser plasmada como sacramento vivo del Divino Amor que puede hacerse visible abarcando toda la formación personal al enfocarnos en el impacto educactivo de la integracción como modelo de formación personal, profundizando en las consecuencias de la integracción en el estudio de la persona humana y en consecuencias prácticas de una reforma educativa basada en el crecimiento pleno, o growthfulness.
El tercer ensayo, Orgullo Fraterno, hace posible que todos podamos ser plasmados como sacramento vivo del Divino Amor-con-nosotros profundizando el impacto de la integracción en lo social y civil dentro del contexto de la cultura americana estadounidense.
El cuarto ensayo, Fraternidad Responsable, posibilita nuestra realización como sacramento vivo del Divino Amor aplicando la integracción a la ética desde la ontología, lo social (socioética) y lo biológico (bioética).
El quinto ensayo, Una Revolución del Amor, hace realizable la misión de cada cual a hacer visible el Amor de Dios aplicando la integracción a la economía y al capitalismo integractivo, o integractivismo.
El sexto ensayo, Summa Personae, que es el que da nombre a este libro, hace posible plasmar toda la formación personal como sacramento vivo del Divino Amor, aborda la integracción como modelo formativo de la formación personal abordándolo desde las humanidades: desde la filosofía y la teología.
Finalmente, el séptimo ensayo, Una Nueva Civilización del Amor, empodera nuestra realización como un sacramento vivo y encarnado del Divino Amor-con-nosotros, plasmado en toda nuestra formación personal por el Espíritu Santo, al aplicar la integracción a la teología y pastoral.
Todo lo plasmado en esta Summa Personae ha aspirado a plasmarse con toda la obediencia creativa a la alianza de Cristo Amor y a Su Iglesia, incluso en las ocasiones en las que ha sido necesario exponer plasmaciones que contradicen al Magisterio actual o que ni siquiera existen en estos momentos en Magisterio vigente, haciéndolo con la máxima humildad posible, buscando siempre crecer en fidelidad a Su alianza de la caridad en cuanto alianza esponsal: somos Iglesia-Esposa, somos Iglesia-Madre, somos Eucaristía viva llamada a irradiar más y más crecimiento en comunión más y más plena, como una torreluz que irradia más y más conversión en medio del mundo como testimonio vivo de Su resurrección, de la nueva vida que viene del Amor…
En este sentido, toda esta Summa Personae puede resumirse como un testimonio vivo del Amor de Dios encarnado en cuanto plasmado en este hoy, en este presente, como testimonio que se hace conversión personal que también es nueva evangelización encarnada: ¡He visto al Señor! Es Jesús Caridad que hace nuevas todas las cosas, todos los corazones y toda la historia, es Cristo Amor al que el Espíritu y la Iglesia nos dicen ven haciendo vida en este hoy y en este don Su envío misionero (Mt 28, 19-20): Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.
Incluso cuando se pronuncie lo que se pronuncie en Summa Personae partiendo solo desde la formación personal humana, sin aludir directamente a lo teológico, lo pastoral o lo sacramental, todo lo escrito en este escrito lleva irremediablemente a la comunión responsable vista con envisioning de fe viva, de fraternidad sacramental viva: todo lleva a posibilitar a todo aquel que quiera resplandecer como espíritu de una persona viva el ser capaz de dar razón de su esperanza dando el testimonio vivo y luminoso del Amor de Dios que somos llamados a dar dejándonos convertir en el ícono vivo de la Divina Caridad que somos llamados a ser, en el sacramento vivo del Divino Amor que somos llamados a ser, en la obra de Dios Amor que somos llamados a dejar al Espíritu plasmar en toda nuestra formación personal, para así irradiar la nueva vida que viene del Amor, que comenzó a ser irradiada en la resurrección y que seguirá siendo irradiada sacramentalmente y fraternalmente hasta el fin…
Sí: crecer juntos en comunión responsable es lo que nos ha movido a plasmar en esta Summa Personae diversas formas para hacer posible el hacer visible el Amor de Dios hoy desde la formación personal misma, plasmada como espíritu de una persona viva, formada a imagen y semejanza de la Trinidad, de tal forma que cada cual quede empoderado para dar el testimonio único de nueva vida que todos somos llamados a dar, plasmados juntos como un sacramento vivo del Amor de Dios al crecer juntos en más y más comunión plena, emprendiendo juntos un proyecto de evangelización familiar que encarna no solo una nueva fraternización con una nueva era de nueva fraternidad… sino también una nueva evangelización encarnada, acogiendo la llamada de Jesús Caridad a la conversión a la comunión encarnada: a ser cristianos que dejan al Espíritu plasmar en toda la formación personal un ícono vivo de la Divina Caridad que se plasma adorándole en espíritu y verdad, adorándole con espíritu más y más vivo que le adora con todo el crecimiento, adorándole juntos como pastores domésticos que caminan juntos como Él camina al ofrendar a Dios Amor más y más crecimiento pleno, haciendo familia humana, eclesial y civil según Su plan al dejar al Espíritu plasmar toda nuestra formación personal encarnando más y más Su Eucaristía viva…
Emprendamos, pues, esta Summa Personae, como si estuviéramos derramando perfume a Sus pies, como si estuviéramos ofrendándole nuestra mejor ofrenda, emprendiendo juntos este On the Growth of the Human Person para que todos puedan crecer en más y más comunión, compartiéndola a la usanza del primer testimonio de la resurrección: “He visto al Señor…” Hemos visto a Jesús Caridad que hace todo nuevo, hemos visto cómo el Divino Amor crece en nosotros más y más, hemos visto como la persona es formada de tal forma que Jesús Caridad crece más y más en nosotros, ayudándonos a crecer como sacramento vivo del Amor que se plasma en toda nuestra formación personal plasmada por el Espíritu, formados como espíritu de una persona más y más viva, formada imagen y semejanza de la Trinidad, creciendo juntos en comunión como una nueva civilización del Amor en donde al crecer juntos como la mejor persona que podamos ser, como el mejor “we, the people” que podamos ser y como el “we, the kingdom of new albor” más pleno en que podamos convertirnos… le adoramos más y más con todo el crecimiento, en espíritu y en verdad, con humildad y con más y más frutos de conversión que son frutos del Espíritu que nos forma como el espíritu de una persona más y más viva en Él, por Él, con Él y para Él, más y más asombrados ante todas Sus gracias que nos colman de más y mas nueva vida en el Amor. Sí, Jesús Caridad, eres un Divino Amor que no deja de dar razón a nuestra esperanza dando con Tu Buena Nueva nuevas respuesta a nuestras preguntas más profundas, ayudándonos a crecer como el espíritu de una persona viva por el Amor, con el Amor, para el Amor y en el Amor…
Desde esta Ciudad de la Bendición que es también Ciudad del Bendito
Puerto Rico, USA
Día Internacional de la Familia, 15 de mayo de 2026
























