
Si pudiera responder a la pregunta de quién soy verdaderamente, comenzaría respondiendo con la identidad que me ha dado mi familia del Cielo: “soy Victoria Magdaluz Veragoeiz…” Esa es mi identidad propia según quienes me han cuidado con Amor incondicional a lo largo de mi vida, desde muy niña.
Sin embargo, civilmente no se me permite identificarme según una identidad propia en el Amor, al menos no en el ambiente donde se me fuerza a permanecer en estos momentos, así que responderé a la pregunta de “¿quién soy?” de la forma más verdadera en que puedo responderla en estos momentos: describiendo como el Amor de Dios siempre ha sido lo que me define en primer lugar y siempre será lo que seguirá definiendo mi vida como un constante crecimiento en fidelidad a Su Corazón vivo y encarnado: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. No soy llamada definirme por los lugares donde he estado, ni por los trabajos que he desempeñado, ni siquiera por las circunstancias que me han marcado. Todo eso cambia. Algunas cosas florecen, otras terminan, y otras son arrebatadas por el dolor. Soy llamada a ser definida según el Amor que ha convertido mi vida en un epic victory of growing-together-in-communion.
Lo que permanece a lo largo de mi historia es aquello hacia lo que mi corazón ha seguido y sigue siendo llamado por la alianza de la caridad que ha definido el rumbo de mi vida: el cómo Jesús Caridad me ha consagrado a vivir la caridad, el cómo soy llamada día a día a vivir más y más la caridad cara al Cielo, dando a luz a la Palabra al dejar que el Espíritu plasme toda la formación personal como Eucaristía viva y encarnada, como un ícono de Dios Amor vivo y encarnado, dejando que Él transconsagre el corazón con Su Presencia Real que nos irradia más y más con Su nuevo albor.
Soy una discípula que ha sido creada para amar y testimoniar que toda persona ha sido creada para crecer en el Amor: para llegar a ser más plenamente ella misma mientras ayuda a otros a ser más plenamente quienes están llamados a ser. Creo que la verdadera grandeza humana no consiste en sobresalir sobre los demás, sino en crecer juntos en comunión, honrando la dignidad, la creatividad y la vocación irrepetible de cada persona. Esa convicción ha dado forma a buena parte de mi trabajo intelectual y espiritual.
Me apasiona contemplar la realidad desde una mirada integractiva: descubrir cómo el ser, el actuar y la comunión pueden crecer en unidad dinámica; cómo la formación personal puede convertirse en un camino de florecimiento integral; cómo las personas, las familias, las organizaciones y las culturas pueden transformarse cuando el Amor deja de ser solamente un ideal y comienza a encarnarse en las decisiones cotidianas. ¿Qué es la integracción? Llamo integracción al crecimiento armónico del ser, del actuar y de la comunión. Es una manera de comprender la formación personal en la que la integridad, la acción y las relaciones no compiten entre sí, sino que maduran juntas hasta expresar cada vez mejor el Amor que Dios ha sembrado en cada persona.
Mi trabajo y mi mejor giftedness —mi creatividad intelectual— giran alrededor de una pregunta muy sencilla y, al mismo tiempo, inagotable: ¿Cómo ayudamos a las personas, a las familias y a los pueblos a crecer cada vez más plenamente en comunión? A esa noción de comunión responsable —de tener una llamada y talentos únicos del que somos responsables para ayudar a crecer en comunión, haciéndonos responsables del crecimiento en comunión que Dios Amor nos llama a irradiar— responden mis investigaciones, mis escritos, mis proyectos y mis sueños, junto a contemplar más y más humildemente cómo el Amor de Dios hace posible que nos vayamos convirtiendo en comunión fraterna y sacramental más y más viva y encarnada.
Escribo de tal forma que todos vean lo que escribo con toda la sencillez posible porque creo que las ideas creativas rectamente ordenadas pueden ayudar a crecer a culturas en comunión más y más plena, sanando todo lo que impida crecer juntos en comunión como hermanos libres, dignos e iguales en el Amor.
Investigo porque creo que comprender mejor a la persona humana permite servirla mejor. Creo porque toda verdad y toda comunión encuentra su plenitud en Dios, que es Amor. Sirvo ayudando a ser, ayudando a hacer, ayudando a crecer, ayudando a irradiar y ayudando a florecer porque el Amor siempre busca hacerse encarnado y ese el ejemplo a seguir que enseña Jesús Caridad.
Mi mayor deseo no es simplemente producir nuevas ideas, sino abrir nuevos caminos que ayuden a las personas a vivir con mayor integridad, responsabilidad, creatividad, fraternidad y esperanza. Aspiro a que cada proyecto creativo en el que participe —sea educativo, cultural, social, espiritual o académico— contribuya, aunque sea un poco, a hacer del mundo un lugar donde resulte más fácil amar, servir y crecer juntos en el Amor.
Mi fe ocupa el centro de ese camino. Mi vida entera se define como corresponder con más y más sencillez y humildad a la alianza de la caridad del Jesús Caridad al que damos a luz como familia del Cielo en todos aquellos a los que ayudamos a crecer en comunión como la mejor persona que puedan ser, como el mejor “we, the people of new albor” que podamos ser, como el mejor “we, kingdom of new albor” que podamos ser en el Amor, para el Amor, con el Amor y por el Amor.
Todo lo que acabo de mencionar es profundamente bíblico, aunque no haya citado a la Biblia directamente. Cuando hablo de que mi vida se define por el Amor, inmediatamente resuena:
«Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es Amor, y quien permanece en el Amor permanece en Dios y Dios en él» (Primera Carta de Juan 4,16).
Cuando digo que toda persona está llamada a llegar a ser plenamente ella misma, encaja muy bien:
«Todos nosotros, con el rostro descubierto, reflejando como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen de gloria en gloria» (Segunda Carta a los Corintios 3,18).
Cuando hablo del crecimiento en comunión, prácticamente estoy describiendo:
«…hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe… al estado de hombre perfecto, a la medida de la plenitud de Cristo» (Carta a los Efesios 4,13-16).
Y cuando explico mi deseo de ayudar a otros a florecer, quizá las imágenes bíblicas más poderosas sean:
«En esto recibe gloria mi Padre: en que deis mucho fruto» (Evangelio según San Juan 15,8),
«Que cada uno ponga al servicio de los demás el don que ha recibido» (Primera Carta de Pedro 4,10).
Procuro permanecer fiel a Dios Amor, buscando dar más y más a luz a Su Palabra dejando que sea Él quien dé sentido a todo lo demás: al pensamiento, al trabajo, a la creatividad, a la contemplación, al servicio, a la forma de relacionarse y expresarse. No entiendo el conocimiento como acumulación de información, sino como una forma de caridad; no entiendo el liderazgo como poder, sino como servicio; no entiendo el éxito como reconocimiento, sino como fidelidad al bien que uno está llamado a realizar.
Por eso sigo escribiendo, aprendiendo, contemplando y creando: porque todavía creo que el Amor puede transformar personas, y que personas transformadas en el Amor pueden renovar comunidades, pueblos y la historia de la humanidad… de tal forma que esas comunidades renovadas pueden dar origen a una nueva civilización del Amor donde crecer juntos en comunión deje de ser solamente un sueño para convertirse, poco a poco, en una realidad cotidiana.
Si algo deseo que quienes llegan a esta página recuerden de mí, no es un título ni una trayectoria, ni lo creativo que pueda tener la gracia de expresar, sino simplemente esto: que intenté ofrendar lo mejor de mí para ayudar a otros a crecer en el Amor. Es decir: si algo deseo que quienes llegan a esta página recuerden de mí, no es un título, una trayectoria ni la originalidad de las ideas que pueda expresar. Deseo que, si alguna huella permanece, sea únicamente esta: que intenté corresponder, con sencillez y gratitud, al Amor con que Dios me amó primero; que procuré poner los dones recibidos al servicio de los demás; que intenté dejar el mundo un poco más dispuesto para crecer en comunión. Si alguna palabra escrita aquí llega a dar fruto, que sea porque ha ayudado a alguien a descubrir que también él, también ella, ha sido creado para amar, para servir y para florecer en el Amor. «Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5,16). Y que todo trabajo realizado en el Señor no sea en vano (cf. 1 Co 15,58).”
Enjoy growing together in more and more communion, ever more!