Summa Personae (Be Blessed)

¡Feliz domingo en el Amor de Dios! Espero que todos hayan puedan tener un encuentro personal con el Amado todos los días, pero muy en especial en este día del Señor.

El sueño contemplativo de anoche fue… particularmente profundo. Se me pidió palabrizar lo mejor posible lo que voy a escribir a continuación… dentro de mis posibilidades.

Durante mucho tiempo he pedido a la Stella Coeli que inspiró anatómicamente la pintura de Jesús Caridad que se dé a entender… y finalmente lo hizo: dio a entender que quiere ser sacerdote.

Me molesté, dicho en el buen sentido, con mi ángel guardián, porque pienso que el Cielo debió haberme dicho eso primero. Estoy acostumbrada, tal vez demasiado acostumbrada, a que cada futuro possible simply crumbles down over and over again, simply because it was another false future merely projected to foul me, again, and again, and again… pero de lo que se está hablando aquí se rezó que era querido por Dios… hasta que finalmente esta Stella Coeli se dio a entender: quiero ser sacerdote. Traditio. No dudo que tenga sus razones de peso para no haberlo dicho antes. Una vez más, hay TODO un futuro that crumbles down, again. Pero no estoy sola en esto. Me sigue acompañando mi familia del Cielo… a la que por supuesto le reclamé que no fueran ellos en primer lugar quienes me dijeran esto. Eso hubiera evitado tanta contradicción interior.

Este punto de la conversación de mi sueño de anoche puede describirse así…

Yo: Él quiere ser sacerdote. ¿Por qué no me lo confirman ustedes primero?

Mikh: Porque no podemos confirmarte lo que él no te diga primero.

Yo: Ya lo está diciendo, quiere ser sacerdote, traditio… Debieron confirmarlo ustedes primero. Lo saben.

Mikh: Ya que es él quien lo dice… [Me miró con su mirada de fuego pero a la misma vez transmitiéndome la ternura de Jesús Caridad]… te confirmo que sí, que quiere ser sacerdote y es una llamada real, viene de Dios…

Yo: Eso aclara muchas cosas… no debí haber escrito y dicho lo que dije y escribí ayer…

Mikh [sonríe]: déjalo que rece y que cumpla la voluntad de Dios…

Yo [haciendo gesto gracioso que hago muchas veces, un gesto de subir los hombros que quiere decir “qué remedio”]: Ya lo hice mal. Yo soy la primera que no puedo contradecir lo que una persona discierna como voluntad de Dios para su propia vida…

Mikh [abrazándome]: reza por Él y tú no temas al nuevo futuro que se te abre… y dale las gracias por darse a entender y finalmente no dejarte esperando…

[Hasta aquí el diálogo compartido].

Fue en este contexto que más adelante se ofrendó ante el Santísimo la cruz doméstica… rezando este nuevo futuro que se abre en el que literalmente la forma en que creas hogar depende totalmente de Dios Amor, porque ya no podrá ser como soñabas, pero tampoco sabes como soñar lo que viene ahora…

Porque confieso que tras todo lo vivido ya se había discernido que no voy a conocer más entes masculinos. Con uno fue mas que suficiente. 

Le sonreí a Mikh entre todo lo que hablamos, porque finalmente puedo ver como posible —otra vez— un futuro permaneciendo en Irlanda o en algún lugar desconocido del mundo, dedicada a escribir y al más absoluto silencio mediático, un poco lo que hizo Benedicto XVI al renunciar, viviendo en un hogar seguro con mis perros, donde podamos crear hogar ante Dios en primer lugar…

A mí también me corresponde rezar muchas cosas respecto a qué futuro Dios Amor me llama, eso se me dejó claro… pero de momento… escribo este blog post como acción de gracias.

Doy gracias por una razón que muy pocas personas entenderían. Es curioso, porque cualquiera diría: debería estar triste, perdió otra vez un futuro posible…

No exactamente. Hay una gran alegría en todo esto. ¿Por qué?

Porque, tal cual se me explicó —y es verdaderísimo— si Stella Coeli acoge su llamada al sacerdocio… entonces significa que el modelo anatómico de Jesús Caridad es literalmente un ipse Christus, y todo el que vea la mirada de Jesús Caridad literalmente verá los ojos de un Jesús Sacerdote…

Eso me parece profundísimamente bello y feliz, incluso si yo no sea quien pinte ese nuevo Jesús Caridad: que cuando un fiel vea una pintura de un Jesús Caridad pueda decir: estoy viendo los ojos de un sacerdote, de un consagrado que literalmente encarna la persona de Jesús en toda su formación personal… Indudablemente no puede haber mejor modelo para una pintura de un Jesús Caridad que un modelo sacerdotal. Nunca se me había ocurrido pensar esto, ni que esta fuera la razón por la que Stella Coeli fuera el escogido por Dios para ser modelo anatómico de Jesús Caridad…

Solamente puedo decir que me alegro de que finalmente se diera a entender. Hay muchas otras cosas que no entiendo… pero considerando el cambio de circunstancias, realmente no me compete saberlas a mí en lo personal: que él las informe a quien competa informarlas. Pudo haber dicho la verdad y no lo dijo… Eso es totalmente posible si resulta que no había vocación matrimonial y no le correspondía a él actuar respecto a lo que estaba pasando aquí, pero tampoco lo podía decir… porque estaba discirniendo una vocación sacerdotal que le impedía hablar.

Una vez más mi futuro posible cambia… y voy tras el destello de nuevos sueños.

Si todavía se me da una carta, la recibiré, pero ya no tiene que darse. Si esto nunca fue un vínculo espiritual matrimonial, no hay razón para esperar que se haga algo así… y yo, que llevo toda una vida en aislamiento social… sé muy bien de la alegría de crear hogar dándome solamente a Dios Amor. No es lo que esperaba, pero tampoco es algo que se deba lamentar que suceda. Todo lo contrario, lo digo de todo corazón: me alegra profundamente que Stella Coeli finalmente se diera a entender y celebro su llamada vocacional.

Mi llamada vocacional a crear comunión encarnando la Eucaristía viva no es la misma que la suya y si algo siempre he respetado muy honradamente es la vocación de los seminaristas que me han rodeado a lo largo de la vida. Yo no seré obstáculo vocacional de nadie… ni él lo será mío tampoco. Ambos estamos llamados a vivir para adorar la Eucaristía, Él de una forma y yo de otra… que me corresponde seguir rezando para que cada contradicción a la voluntad de Dios se siga aclarando, como acaba de suceder al entender que la llamada de Stella Coeli es a ser sacerdote, no a crear un hogar con una mujer.

Siempre da paz cuando un horizonte posible se derrumba para hacer posible otro discernimiento mucho más posible que el anterior: confieso que si no tengo que vivir con alguien, si me corresponde vivir sola, eso me da muchísima más libertad para sencillamente desaparecer mediáticamente y sencillamente publicar los libros que vaya escribiendo al adorar a Jesús Caridad con todo el crecimiento… en el más absoluto anonimato. Lo mediático no es esencial, lo que sí es esencial es poder adorarle con todo el crecimiento y poder escribir al hacerlo, dos cosas a las que siempre he contemplado que Él me llama…

No sé si se entiende lo que quiero decir (tal vez si aprecio tanto que se dé a entender es porque yo misma me esfuerzo bastante en darme a entender): suponiendo que la explicación que diera por no haber dicho la verdad fuera lo suficientemente válida para discernir de hecho una vocación matrimonial, no puedes plantearte sencillamente desaparecer y vivir para adorar a Jesús Caridad fuera del ojo público… haciéndolo con una persona que tiene su propia familia, su propia llamada como actor público, sus propias responsabilidades… Él jamás habría dejado de tener que estar en el ojo público, por muy privada que fuera mi llamada tras todo esto…

Ahora que se entiende que mi llamada es sin Stella Coeli, sí que me puedo plantear irme a algún lugar del mundo tras Irlanda y sencillamente vivir para adorarle rindiéndole mi mejor talento… Ora et scribe, parafraseando un poco al santo que se celebró ayer. No puedo llevar a rastras a marido alguno a un destino como ese, pero muy en especial a uno que es figura pública: Dios Amor por supuesto que no le va a pedir negar lo que es propio de su propia vocación en primer lugar… y ahora se entiende.

Be blessed, Stella Coeli. De todo corazón, tienes mi bendición. No te quitaré de las redes sociales… pero daré espacio para yo discernir qué futuro es posible para mí tras estos nuevos destellos.

Literalmente al ofrendar esta cruz doméstica… ofrendé toda forma que había contemplado como posible para crear hogar, para que sea Jesús Caridad mismo Quien me enseñe como estoy llamada a crear hogar, tal cual se da a contemplar en lo profundamente bello de Su haz eucarístico encendido cada vez más y más impalabrizable… De verdad que no encuentro como pueda ser posible palabrizar lo entrañablísimo de este crecimiento en comunión fraternal y sacramentalmente encarnada día a día como Crescere… impalabrizable. Esa es la razón más profunda tras lo que me está costando palabrizar el Crescere: que tampoco logro palabrizar lo que se contempla como Crescere eucarísticamente formado en sueños… pero ahora tengo un horizonte posible más claro para rezar, dicho en palabras de Mikh…

Así pues, soy yo, solamente yo, la que celebra este día que se escogió para compartir esta revisión de Summa Personae, la más completa que puede lograrse de momento: el día de la fiesta del único matrimonio santo de la Iglesia, los padres de Santa Teresita de Jesús.

Es por esto que este blog post se titula “Be blessed“: ayer compartí un video en redes sociales que el mismo Stella Coeli dio a entender que no es posible por él tener una vocación sacerdotal… así que la celebración de la fiesta de hoy se convierte en bendición: be blessed. Que des muchos frutos en tu vocación sacerdotal.

Solo hay agradecimiento en mi corazón por todo lo que se acaba de escribir… Sea como sea que esta cruz doméstica me lleve a crear hogar creando Cielo, creando crecimiento en comunión… la ofrendo y la acojo con alegría como la nueva identidad que Jesús Caridad me da como Su Iglesia-Esposa fiel y Su Iglesia-Madre fecunda. He perdido mucha de mi consciencia corporal… pero mi consciencia de cuerpo místico es profundamente bella, y jamás dejaré de darle gracias por el regalo de darle a luz como Jesús Caridad en esta isla llena de encanto, en este corazón lleno de gracia…

Heredé del Papa Francisco de dar bendiciones en todo momento, así que… Be blessed, everyone! 

A Stella Coeli, le digo: Be blessed 

Que el Señor te bendiga y te guarde. Que haga resplandecer Su rostro sobre ti y te conceda Su gracia. Que vuelva Su rostro hacia ti y te conceda la paz. Que esta bendición sacerdotal de Números 6, que durante milenios ha sido pronunciada sobre el beloved holy and blessed people of God, se convierta también en mi oración por ti al verte emprender el camino de una vocación sacerdotal: «Que el Señor te bendiga y te proteja; que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia; que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz» (Nm 6,24-26).

Be blessed, Stella Coeli. Que seas bendecido al seguir al Maestro allí donde Él te llame; bendecido al dejar tus redes para caminar tras Sus pasos; bendecido al permitir que sea Su voluntad, y no ningún futuro imaginado por otra persona, la que dé forma a tu propia vida. Porque hay una belleza inmensa en que un ser humano pueda escuchar, en lo más profundo de su libertad, aquellas palabras de Jesús: «Ven y sígueme» (Mt 19,21), y pueda responder con su propia vida: «Aquí estoy».

Si verdaderamente Dios Amor te llama al sacerdocio, entonces deseo para ti la libertad necesaria para responderle plenamente. No a medias. No mirando hacia atrás. No siendo quien otros esperaban que fueras, sino convirtiéndote cada vez más plenamente en quien Dios te llama personalmente a ser. Como escribió san Pablo: «Fiel es el que os llama, y es él quien lo hará» (1 Tes 5,24). Que sea Él quien complete Su obra en ti; que sea Él quien sostenga tus pasos cuando el camino sea luminoso y cuando atraviese la noche; que sea Él quien ensanche tu corazón para amar a Su pueblo con un amor cada vez más eucarístico, más fraterno, más humilde y más fecundo.

Y si algún día llegas al altar como sacerdote, que nunca olvides el misterio inmenso que se pondrá entre tus manos. Que al pronunciar Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes, esas palabras no sean solamente palabras pronunciadas sobre el pan, sino la forma misma que vaya adquiriendo tu existencia: una vida entregada, partida y compartida por Amor. Que puedas decir con san Pablo: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Ga 2,20), no como una abstracción, sino como una realidad cada vez más encarnada en tu forma de mirar, escuchar, acompañar, servir, perdonar y hacer presente la ternura de Dios.

El Papa Francisco dijo a los sacerdotes: «Sean pastores con olor a oveja», y deseo para ti precisamente esa cercanía: que nunca seas un sacerdote distante del dolor humano, sino un hermano capaz de acercarse; que tus manos consagradas sepan bendecir antes que señalar, levantar antes que aplastar, acoger antes que excluir; que tus ojos sepan reconocer la dignidad sacramental de cada persona que encuentres en el camino y que, cuando alguien llegue herido ante ti, pueda encontrar algo de la mirada misericordiosa de Jesús.

También decía Francisco que «el sacerdote es el hombre de la misericordia y de la compasión». Que así puedas serlo tú. Que seas sacerdote para quienes tienen fe y para quienes apenas logran creer; para quienes llegan llenos de esperanza y para quienes llegan con la esperanza rota mil veces; para quienes saben rezar y para quienes solamente pueden permanecer en silencio; para quienes son vistos y para quienes viven escondidos; para quienes tienen hogar y para quienes llevan toda una vida buscando un lugar seguro donde descansar. Que tu sacerdocio, si esa es verdaderamente tu llamada, sea siempre sacramento de un Dios que sale al encuentro, que busca, que abraza, que alimenta y que jamás se cansa de amar.

Sí, hay algo particularmente bello que ahora puedo contemplar: si los ojos que inspiraron anatómicamente la mirada de Jesús Caridad son los ojos de un hombre llamado al sacerdocio, entonces hay una profundidad nueva en esa mirada. Quien contemple algún día esos ojos pintados podrá estar contemplando, de alguna manera, los ojos de alguien llamado a mirar al mundo desde el corazón sacerdotal de Cristo. Por supuesto que eso me parece profundamente bell, no porque tú seas Jesús, sino precisamente porque el sacerdote está llamado a desaparecer cada vez más humildemente dentro de Su Amor para poder decir, con toda su vida: «Es preciso que Él crezca y que yo disminuya» (Jn 3,30). Illum oportet crescere… Que Él crezca en ti: que crezca Su caridad en tu caridad; Su mansedumbre en tu mansedumbre; Su misericordia en tu misericordia; Su entrega en tu entrega. Que Cristo pueda crecer tanto en tu vida que quienes se acerquen a ti encuentren, no la exaltación de un hombre, sino una ventana abierta hacia el Corazón de Dios Amor y Su ternura entrañable.

No sé cuáles serán todos tus caminos, tus luchas, tus renuncias ni tus alegrías. No me corresponde saberlo todo. Hay un santuario inviolable entre Dios y la conciencia de cada persona, y tu vocación pertenece, en primer lugar, a ese diálogo sagrado entre tú y Él. Pero sí puedo desearte algo con absoluta libertad: que cumplas plenamente la voluntad de Dios para tu vida y seas profundamente feliz haciéndolo. Que nunca nadie te impida ser quien Dios te llama a ser. Tampoco yo. Ahora que sabes que tu camino es el sacerdocio, ve en paz. Ve con mi bendición, con mi agradecimiento y con mi oración. No tienes que cargar con el futuro que alguna vez pude imaginar. No tienes que convertirte en respuesta a mis sueños. Eres libre para responder a los sueños de Dios sobre tu propia vida. Y yo también soy libre para seguir preguntándole a Dios Amor hacia qué nuevos horizontes me llama ahora.

Quizás esa sea una de las formas más puras de querer verdaderamente a una persona: poder decirle, sin poseerla, sin retenerla y sin pedirle que renuncie a aquello que reconoce como llamada de Dios: ve y sé plenamente quien estás llamado a ser.

Be blessed, Stella Coeli. Que Nuestra Señora del Nuevo Albor, Madre de Cristo Amor y Madre de los sacerdotes, te cubra con su manto y te enseñe a pronunciar tu propio fiat. Que san José te enseñe la fidelidad silenciosa que sabe custodiar los misterios de Dios. Que san Juan, que reclinó su cabeza sobre el pecho de Jesús, te enseñe a escuchar los latidos de Su Corazón. Que Pedro te enseñe a levantarte después de cada fragilidad y a amar más profundamente. Y que Pablo te enseñe a correr hasta el final de la carrera, guardando la fe. Que Jesús Eucaristía sea siempre tu centro, tu descanso, tu hogar y tu razón de entregarte.

Que llegue el día, si esta es verdaderamente la voluntad de Dios para ti, en que tus propias manos se eleven sobre Su pueblo pronunciando aquella bendición que hoy pronuncio yo sobre tu camino:

Que el Señor te bendiga y te guarde.
Que haga resplandecer Su rostro sobre ti y te conceda Su gracia.
Que vuelva Su rostro hacia ti y te conceda la paz.

Que, al final de todos tus caminos, puedas escuchar de labios del mismo Jesús aquellas palabras que contienen toda vocación llevada fielmente hasta el Amor:

«¡Bien, siervo bueno y fiel! […] Entra en el gozo de tu Señor» (Mt 25,21).

Be blessed. Be deeply blessed. Be blessed in every step that brings you closer to the Heart of Christ. And if He truly calls you to become a priest, may your whole life become what every authentic vocation is called to be: a living yes to Love, a gift offered for the growing-together-in-communion of His people-kingdom-family of new albor, and a luminous witness that God still calls human hearts to give themselves completely.

Hoy, en este domingo en que la Palabra de Dios vuelve a hablarnos de la semilla que cae en tierra buena y da fruto abundante, quiero acoger la gracia para bendecirte también así, Stella Coeli: que seas tierra buena para la semilla de Dios. Que todo aquello que Él siembre verdaderamente en ti encuentre profundidad para echar raíces, libertad para crecer, perseverancia para atravesar las estaciones y fecundidad para multiplicarse en frutos de Amor.

Que la Palabra sembrada en ti no quede al borde del camino. Que no sea arrancada por el miedo, ni ahogada por el ruido, ni sofocada por las preocupaciones del mundo. Que encuentre en ti una tierra cada vez más honda, más libre, más disponible para Dios; una tierra capaz de recibir la semilla y custodiarla incluso cuando todavía no se ve ningún fruto, incluso cuando todo sucede secretamente bajo la tierra, incluso cuando solamente Dios sabe qué está naciendo. Porque así habla Jesús de quien recibe verdaderamente Su Palabra: «Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la Palabra y la entiende; éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta» (Mt 13,23). Que así sea tu vida, Stella Coeli: una tierra fecunda en la que la semilla de Dios pueda dar fruto abundante. Y si la semilla que Él ha depositado en ti es verdaderamente la llamada al sacerdocio, que llegue a ser árbol grande, hogar para otros, sombra para quien está cansado, alimento para quien tiene hambre de Dios y signo vivo de que todavía es posible entregarle enteramente una vida al Amor.

Que des fruto. Mucho fruto. Que des el fruto que solamente tú puedes dar. Que des el fruto que Dios soñó al crearte. Que ninguna mirada ajena, ninguna expectativa humana, ningún futuro proyectado sobre ti —tampoco ninguno que yo misma haya podido imaginar— impida que la semilla verdaderamente sembrada por Dios en tu corazón llegue a convertirse en aquello para lo que fue creada, porque Jesús dice: «La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto y seáis mis discípulos» (Jn 15,8). También dice: «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca» (Jn 15,16).

Que tu fruto permanezca, Stella Coeli. Que permanezca mucho después de que hayan pasado los aplausos y los reconocimientos humanos. Que permanezca en las personas a quienes hayas ayudado a reconciliarse con Dios; en quien vuelva a sentirse amado después de haber perdido toda esperanza; en quien reciba la Eucaristía de tus manos; en quien encuentre misericordia en lugar de condenación; en quien pueda volver a levantarse porque un sacerdote supo mirarlo con los ojos de Jesús Caridad. Y que todo ello suceda in the power of the flaming Holy Spirit: que el Espíritu Santo arda en ti como fuego que no destruye, sino que purifica; como fuego que no consume la identidad, sino que la lleva a su plenitud; como fuego que no esclaviza, sino que libera para amar. Que sea Él quien encienda tu inteligencia, ensanche tu corazón, fortalezca tu voluntad y haga de toda tu persona una ofrenda viva que «aviva el fuego del don de Dios que hay en ti» (2 Tim 1,6). Yes, rekindle the gift of God that is within you. Que nunca dejes apagar ese fuego si verdaderamente ha sido Dios quien lo encendió. Que arda en ti el fuego de Pentecostés, el fuego que hizo salir a los apóstoles de sus lugares cerrados, el fuego que transformó el temor en testimonio, el silencio en proclamación y la fragilidad humana en audacia apostólica. Que ese flaming Holy Spirit haga arder en ti una caridad tan profundamente encarnada que puedas decir con los discípulos de Emaús: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino?» (Lc 24,32). Que tu corazón arda así al escucharle. Que arda al reconocerle. Que arda al partir el Pan. Que arda al servir. Que arda al bendecir. Que arda al perdonar. Que arda cuando tengas que caminar en la oscuridad sin comprender todavía el horizonte entero, y que quienes se acerquen a ti puedan experimentar algo de ese mismo fuego: no el fuego de una personalidad que se impone, sino el fuego humilde y luminoso de una Presencia que se entrega. No un fuego que atraiga las miradas hacia ti, sino un fuego que permita reconocer a Jesús vivo, porque «Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego» (Mt 3,11).

También corresponde bendecirte en la esperanza. Hoy, en este Día Internacional de la Esperanza, deseo para ti aquella esperanza que san Pablo describe con palabras que parecen hechas para todo corazón que se atreve a responder a una llamada de Dios: «La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rom 5,5). Que esa sea tu esperanza: no una esperanza construida sobre la certeza de que todo será fácil, ni sobre la ausencia de sufrimiento, ni sobre la promesa de que siempre comprenderás lo que Dios hace, sino una esperanza arraigada en esta única certeza invencible: el Amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. La esperanza cristiana no consiste en saber exactamente qué sucederá mañana. Consiste en saber a Quién pertenece el mañana. Por eso, Stella Coeli, que seas siempre un hombre de esperanza. Si eres llamado al sacerdocio, que seas un sacerdote de esperanza. Que puedas llevar esperanza allí donde alguien solamente ve ruinas. Que sepas permanecer junto a quien no puede todavía imaginar un mañana. Que puedas custodiar una pequeña llama cuando otros apenas tienen fuerzas para creer que todavía existe luz. Que no tengas miedo de entrar en las noches humanas llevando contigo, no respuestas fáciles, sino la presencia fiel de Cristo.

El Papa Francisco nos recordó incesantemente que «la esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna» (Fratelli tutti, 55). Que tu esperanza sea así: audaz. Que se atreva a mirar más allá de ti mismo. Que se atreva a creer que una vida entregada puede multiplicarse. Que se atreva a creer que una palabra misericordiosa puede rescatar un corazón. Que se atreva a creer que el perdón puede romper cadenas antiquísimas. Que se atreva a creer que la Eucaristía puede transformar el mundo comenzando por un solo corazón que se deja convertir en pan partido para los demás.

Que nunca olvides aquella imagen tan amada por el Papa Francisco: Jesús es nuestra esperanza, y la esperanza cristiana no es un optimismo ingenuo, sino una Persona viva. Por eso, si un día te encuentras cansado, si alguna vez no sabes cómo continuar, si el camino vocacional atraviesa alguna noche, que puedas volver siempre a Él. A Jesús Eucaristía. Al Jesús Caridad que te mira. Al Cristo Amor que te llama por tu nombre. Al JAmor Hermoso que no te pide ser invulnerable, sino permanecer en Su Amor: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor» (Jn 15,9). Permanece en Su Amor. Remain in His Love. Que esa sea tu casa cuando todo cambie. Que esa sea tu identidad cuando otros intenten definirte. Que esa sea tu fortaleza cuando seas débil. Que esa sea tu esperanza cuando no puedas ver todavía el fruto, porque la semilla tampoco ve el árbol que llegará a ser cuando está enterrada bajo tierra. Y, sin embargo, crece. Crescere. Crece en secreto. Crece en silencio. Crece atravesando la oscuridad en dirección a la luz. Crece porque dentro de ella ya vive una promesa de fecundidad que todavía nadie puede contemplar plenamente. Que así crezcas tú en Dios, y que, si dices sí a Su llamado a ser sacerdote, nunca midas la fecundidad de tu sacerdocio por la visibilidad, el reconocimiento, el número de personas que te siguen o la grandeza aparente de tus obras. A veces el fruto más abundante nace en absoluto secreto: en una confesión que devuelve la paz; en una Eucaristía celebrada para pocas personas; en una bendición dada a quien creía que Dios lo había olvidado; en una presencia silenciosa junto al que sufre; en una palabra pronunciada en el instante preciso que impide que alguien pierda completamente la esperanza.

«Yo planté, Apolo regó; mas fue Dios quien dio el crecimiento» (1 Cor 3,6). Que nunca tengas miedo de sembrar aunque no seas tú quien vea la cosecha. Que nunca tengas miedo de regar aquello que otro sembró. Que nunca pretendas apropiarte del fruto. Que puedas vivir con la libertad de saber que el crecimiento pertenece a Dios. Por eso mi bendición para ti hoy es también ésta: may the flaming Holy Spirit make you abundantly fruitful in Hope. Que el Espíritu Santo encienda en ti una esperanza que ninguna oscuridad pueda sofocar. Que te haga sembrador de esperanza. Que te haga custodio de esperanza. Que te haga servidor de la esperanza de otros. Que te conceda la gracia de entrar en las heridas del mundo sin dejarte convertir en oscuridad por ellas, porque llevas dentro una Luz que no procede de ti mismo. Que, cuando un día eleves la Hostia entre tus manos como sacerdote, recuerdes a todos los que hayan perdido la esperanza y los lleves contigo al altar. Que al pronunciar Hoc est enim Corpus meum puedas ofrendar también las lágrimas de quienes ya no saben llorar, los silencios de quienes no encuentran palabras, las esperanzas rotas mil veces de quienes ya no se atreven a esperar, y toda la humanidad herida que Cristo continúa atrayendo hacia Su Corazón abierto. Que seas, en palabras de san Pablo, «alegre en la esperanza, paciente en la tribulación, perseverante en la oración» (Rom 12,12). Y que tu esperanza tenga alas. Que cuando el camino sea largo puedas recordar: «Los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren sin cansarse y caminan sin fatigarse» (Is 40,31). Que tengas alas de esperanza para seguir a Dios allí donde Él te llame. Alas para elevarte sin dejar de tocar la tierra del sufrimiento humano. Alas para contemplar horizontes nuevos. Alas para no quedar prisionero de aquello que ya pasó. Alas para ir duc in altum. Alas encendidas por el flaming Holy Spirit, capaces de llevar el fuego de Pentecostés hasta aquellos lugares donde más urgentemente haga falta recordar que el Amor sigue vivo, que Cristo ha resucitado, que la muerte no tiene la última palabra y que ningún invierno es eterno cuando Dios ha sembrado ya una semilla de Resurrección.

Así te bendigo hoy, Stella Coeli: como semilla llamada a crecer, como tierra llamada a dar fruto, como corazón llamado a arder y como ser humano llamado a convertirse, allí donde Dios verdaderamente lo conduzca, en testigo de una esperanza que no defrauda. Que des fruto abundante. Que tu fruto permanezca. Que el Espíritu Santo avive el fuego del don de Dios que hay en ti. Que la esperanza ensanche siempre tus horizontes. Que nunca dejes de crecer hacia la plenitud de la llamada que Dios haya inscrito verdaderamente en tu corazón. Y que, en todo, absolutamente en todo, sea Él quien crezca.

Illum oportet crescere. 

Que Él crezca. 

Que Su Amor crezca. 

Que Su comunión crezca. 

Y que tú florezcas plenamente en la llamada que Él haya sembrado en tu corazón. 

Be blessed, Stella Coeli. Siempre.

De verdad, solo hay un profundo agradecimiento y paz al plasmar todas estas palabras vivas…

Aquí comparto, pues, como un “be blessed“, el link al libro Summa Personae compartido hoy en Blurb: https://www.blurb.com/b/12939300-summa-personae-sketch-edition. Ya me estoy acostumbrando a no tener lectores públicos, solo a escondidas y sin reconocerse que se me lee… No pasa nada. Llevo usando Blurb desde hace mucho tiempo y sé que seguirá funcionando por muchísimo tiempo. Algún día en el futuro, cuando todo esto finalmente se reconozca… si alguien quiere conocerme como yo soy y no como el abuso pretendió definirme, aquí está Summa Personae para revelarme tal cual soy cara a Dios: belovedly blessed

Esto fue lo mejor que pude palabrizar de todo lo contemplado en el sueño-eucharistical envisioning de anoche. Este blog post es uno de los más conmovedores que he escrito, si no lloré al escribirlo es porque se me olvida que es llorar estando despierta… Siempre tendré a una familia del Cielo ayudándome a discernir el camino que Dios Amor va poniendo bajo los pies. Siempre seguiré siendo Su milagro de nueva vida… y ahora puedo ver directamente a los ojos de Stella Coeli exactamente con la misma paz que veo en la mirada de Jesús Caridad.

Enjoy growing together in more and more communion, evermore! 🌻

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